Pero bien sé que las cosas no son así, que, como yo hice, primero es el diagnóstico y después se resuelve el problema, me dará cita para un día o dos después, y problema no resulto hasta que venga con todo lo necesario.
Exorcizar los días
No hablo, en este trabajo el habla queda suprimida, no es necesaria, tan solo cuando se necesita confirmar algo, para pedir ayuda, para dar cuenta de un error. Para lo demás todo es silencio
El que escribe
Otras veces estoy cansado de escribir, de acumular montañas de letras, bultos pesados de papel atestados en mi biblioteca, compartiendo el espacio con los libros a quienes tanto le deben su existencia. Escribir no pocas veces parece la condena de Sísifo, empezar algo para no terminarlo —más allá del límite que me impongo— y comenzar otro día con un folio nuevo.
Amanecer violeta
Por la ventana he vuelto a ver al extraño hombre que camina presuroso hacia ninguna parte, aquel que un día se detuvo frente a mí para decirme palabras que no recuerdo, un saludo insensato, su mirada de loco ausente, la incomprensión de ambas partes. Lo he vuelto a ver ahora en invierno, desde la ventana impune, su caminar como el del verano, su destino ausente o incierto. Un hombre de mil rostros, de toda una eternidad que lo precede. Ya he terminado, ahora saldré a andar por la calle sin nombre con el ánimo de un loco que disfruta de incomodar a desconocidos.
Cavilaciones hacia el final
El inferno tan temido se vuelve confortable, hecho a la medida de su cielo personal donde el fuego no quema sino que basta apenas para calentar la habitación de paredes mortecinas tan fría esta mañana. Se sabe con el tiempo contado. Se sabe finito porque ha visto a la muerte de cerca. La vio en la sala de espera del hospital donde su padre agonizaba, sin ninguna prisa, seguro de que la hora estaba cercana
Forzada escritura nocturna
Los recuerdos, inolvidables o no, acechan mi descanso, se aparecen como espectros durante la duermevela, se trasfiguran en narraciones oníricas de no despreciable valor literario. Sueños ora luminosos, eclipsantes; ora de profunda incomprensión, una penumbra delirante hasta lo terrorífico. Salgo del sueño, de lo que debería ser mi descanso, con el cuerpo lastimado.
Diáfana esperanza
Martha y yo compramos una lata de conservas. La compramos porque la lata, sí, una simple lata de chícharos nos vio pasar por el pasillo de las conservas. Sí, sabíamos que las cosas por sí solas no tienen vida propia, pero consideramos que aquella lata, con chícharos —o algo más y misterioso en su interior—... Leer más →
04 de agosto de 2019
Tengo más tiempo libre que no siempre aprovecho como debiera o como me gustaría, pero es que disfruto dejarme llevar por el vacío y la nada, dormir hasta que ya no sé de mí, a jugar al muerto.
Un hombre afortunado.
Llevaba un hacha en la mano, vestía el uniforme de trabajo de todos los días, pantalones de mezclilla, zapatos negros y una camisa con el logo de la empresa estampado en el bolsillo de enfrente junto a su nombre y su puesto de “Director General”. Se había despertado a la misma hora de siempre, con... Leer más →
Ideas como globos
Toda idea que no se atrapa termina por escaparse. Las ideas vuelan como globos llenos de helio y, si no se les ata a la memoria, se van muy lejos, muy arriba en el cielo del olvido hasta que caen en otras mentes más o menos despiertas. Así es como entre sueños me viene una... Leer más →