Libros mis maestros

Como tal, yo no tengo una máquina de escribir sino una computadora —ordenador, le llaman de este lado— a la que le he tomado cariño. La primera. Teclas que se desgastan poco a poco; lento a veces, rápido cuando quiere, menos ruidoso que el golpeteo de una máquina de escribir. Épocas distintas. Y no por... Leer más →

La música que escribe

Estas palabras no son dictadas por una musa. Vaya, ni siquiera parecen dictadas por mí. Es la música de fondo la que escribe. Mis manos se han vuelto notas sobre la partitura de esta hoja blanca. Yo me he vuelto instrumento e interpreto aquí otra de mis conocidas melodías

La enfermedad del tiempo

Itinerario en pausa: la vida afuera durante un día y la sensación de que se me han escapado horas esenciales para la creación. No se puede vivir así, con esta angustia como una enfermedad que consume poco a poco hasta matarnos. Pensar que el llamado puede llegar en cualquier momento, justo cuando uno no pueda... Leer más →

Los demasiados libros

¿Crees que a tu tío Julián le haya hecho daño leer tanto?, pregunta mi madre, preocupada, no ajena a la creencia inmemorial y novelesca —parte inalienable de nuestra cultura universal— de que a un hombre se le seca el cerebro hasta la locura por haber leído demasiados libros. Mamá cree que su hermano Julián sufre de esa enfermedad: los mentados libros lo hicieron así, hijo; él nunca quiso tener un trabajo ni un sueldo fijos; desdeñaba toda autoridad, toda adherencia a los sindicatos o a los partidos, y por eso terminó así

Fragmentos de un escritor

Ese ha sido siempre el problema: me cuesta ordenar mis ideas y darles una salida coherente. Por eso mi blog se llama Fragmentos de un escritor: porque soy un experto en el arte de no terminar nada de lo que escribo. No doy continuidad a ningún fragmento publicado. Todo lo dejo como sale de la imprenta virtual. Ya no me interesa cambiar nada, salvo alguna falta de ortografía o de sintaxis.

Ocupar el tiempo

¿Es ese el camino correcto? Cesar Aira aconseja —sin ánimos de dar consejos— que el escritor novel deje de lado el ideal de escribir buenos libros, de dedicar toda una vida a una obra y que mejor opte por escribir, sin intención premeditada, malos libros, pues los buenos libros son numerarios y están en todas partes. Optar por la vanguardia, pues ella es la que tiene el veredicto inapelable del futuro. Cesar Aira es entonces el escritor que ha cavado su propia tumba de eternidad y gloria, su propio reducto donde no cabe nadie más que él. Con persistente y desinteresado denuedo por no figurar como un gran y no menospreciable escritor, Aira ha entrado por la puerta grande en el marco contemporáneo de la literatura que vale la pena leerse.

Contra el encierro

Vi a un hombre llevar a dos pequeños: uno de la mano y otro en un coche de niño. Iban los tres camino a casa, el padre como único guía y alcoholizado a grandes luces. Minutos después, lo encontré aún en la misma calle, tambaleándose entre charlas de hombres de su mismo talante. Los niños, silenciosos, esperaban. Seguí mi camino, imaginando un futuro en que los hijos no repitieran el destino del padre.

El mar helado

Toda biblioteca es un cartografía personal, y los libros de Kundera forman parte de la isla de mí mismo. La insoportable levedad del ser fue para mí un libro faro, una guía para encontrar y a la vez definir mi identidad. De cierta forma yo sentía que tenía mucho en común con todos los personajes de la novela. Podía sentirme tanto Sabina como Teresa; Tomás, Franz o Simón; incluso la joven de las gruesas gafas que aparece en contadas ocasiones. Yo, a mis 20 años, necesitaba de modelos que reflejasen la pluralidad de lo que significaba ser como yo sentía ser, y en los personajes de Kundera yo encontré el refugio que necesitaba para sentirme parte de un todo

Desmemoria

Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar

Tiempo futuro

Sepan bien gentes del futuro que hasta hoy no he podido terminar nada. Me gusta conformarme con mil palabras. Creo, con ingenuidad, que la vida se acabará pronto. Sin embargo deseo lo contrario, y debería poner de mi parte para que así suceda. La música eterna me dejará escribir hasta donde la muerte me lo permita. Y sentir alegría de que la vida aun no se acabe. Dueños del tiempo futuro. Dueños de un poco del azar que nos gusta llamar, no pocas veces, destino.

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