Orfandad.

Nos sentamos todos en la misma mesa. Desconcertados por lo que acababa de suceder nuestras miradas solo se entrecruzaban sin mantener contacto visual unos con otros. Es cierto que un sentimiento de tristeza nos invadía de diversas maneras, y las lagrimas escurrieron eventualmente sobre nuestras mejillas. Nuestra madre había muerto y ante esto, siendo hermanos…