Samantha le había enseñado a rescatar los sonidos de la tarde, las voces entre las angostas calles de barrios paupérrimos, pasadas y presentes, a partir de su voz de entrañable pureza. No olvidaría lo mucho de sorprendente y maravilloso que tenía la casa de Samantha entre dos terrenos baldíos, como una casita de juguete que hace poco había abandonado el techo de lámina por uno de concreto, donde ella y su madre vivían en un cuarto con ventana a la calle esperpéntica, rescoldo de una alegría antigua.
Luna
Hablando de ti me pongo a pensar en que hace días no veo la luna. La bola grande y redonda que adorna el cielo con una luz que no le pertenece. Qué regalo más grande el saber que hay luz en la oscuridad. Tu carta se me había anunciado en sueños, y de no haberla... Leer más →
La página en blanco.
Las ansias de escribir llegan como la luz del sol que por las mañanas atraviesa la tenue transparencia de las cortinas de mi habitación. El deseo de escribir me cubre como el viento que exhala la noche, el cual indica que la lucha pírrica contra la oscuridad ha terminado, que el día ha resultado, como... Leer más →