Lo que pudo haber sido

Puso algo de música clásica y las primeras palabras nacieron. Cuán grato le fue el placer provocado por una pieza alegre, lejana, que le hizo la noche luminosa. No era el triste y melancólico Chopin esta vez, era una música que saltaba de alegría, que bailaba al paso de su escritura. Tres minutos le duró el encanto, la embriaguez, esa dulce borrachera

Escribir bien

A partir de una idea o una frase me dedicaba a hilvanar una oración tras otra, un recuerdo lacerante o gozoso, todos con un mínimo asomo de arrepentimiento. Había textos con temas recurrentes: la vida, la muerte, el suicidio, el amor, el fracaso, la nada. Venía tantas veces vacío, hastiado del mundo y sus cosas que todo me daba nausea. Han sido contadas las veces que me resultaba sencilla la tarea de escribir, en las que nacía un cuento de mil palabras, otras la continuación del final de una novela que me dejó inconforme

Víctimas felices

Por primera vez sentí la aguja de la ausencia clavada en el corazón. I. no me dijo que no me fuera, ella lo sabía irremediable, pero me dijo me vas a hacer tanta falta, quiero que vuelvas, que en el porvenir esté inscrito dos que se unen, que caminan de la mano por la playa, que se quieren al calor del mediodía, frente al mar, víctimas felices de la brisa y de la infinita arena

Su recuerdo

No recuerdo los proemios de la conquista, sin embargo, los imagino espontáneos, fruto de mi exceso de confianza que se apoyaba en mi juventud. Fue un acercamiento gradual, de conversaciones diáfanas y de coquetería subrepticia. Como no recuerdo los inicios tampoco tengo idea clara del final. Todo esto son elucubraciones mías, estratagemas de las que se sirve la inventiva para reconstruir un pasado borroso, de difícil recuperación

De lo perdido

Han sido años difíciles, la delatan los movimientos nerviosos de las manos, esa ansiedad física ante los problemas presentes. Siente una nostalgia irreversible al comparar las edades, yo veintinueve y ella treinta y seis. Eres muy joven, me dice, y suelta un suspiro resignado. Es insegura, y como toda mujer con falta de autoestima no carece de la bondad como bandera, de un corazón maltratado pero que sigue dándose sin reparos

¿Qué soñó el tiempo?

El tiempo no soñó nada de esto, no soñó a este hombre que escribe un sábado a las seis de la tarde, ni este apartamento anclado a esta ciudad y que sirve de refugio para el hombre y sus libros. El tiempo soñó algo distinto, soñó a este mismo hombre menos solo, más enamorado y al roce de la felicidad

Exorcizar los días

No hablo, en este trabajo el habla queda suprimida, no es necesaria, tan solo cuando se necesita confirmar algo, para pedir ayuda, para dar cuenta de un error. Para lo demás todo es silencio

El viaje de ida

Poco me he dedicado al estudio y mucho a la lectura. Sé lo que se puede vivir en los libros, no aprendo más que lo que experimento a partir de una página bien escrita. Las palabras que me dan calor, que me dan oxígeno como unos labios a poco de un beso. Un poema que al leerse se saborea en la boca como un manjar diáfano y escurridizo. Para eso sirven las palabras, para provocar pasiones, sentimientos, ideas nunca venidas a cuenta.

Extrañeza

Ya no me reconozco, pero si es lo normal, me dice la voz lógica que llevo dentro, el tiempo influye, el tiempo moja con sus aguas de desgaste. Lo sé, tan solo quería dar pie al texto, comenzar a subir los peldaños de la escritura, llegar a la cima, o tocar el fondo. Ya no me reconozco en los pasos promisorios del joven obnubilado por un futuro esperanzador. No me preocupaba por lo que quería hacer, como hoy, ayer no tenía nada claro.

El río que no cesa

Es esta luz quizás el preludio de la vida, esta misma luz me vio nacer en aquel pasado frugal es también el final de todo, en algún mañana impreciso. «Me moriré en Paris», profetizaba Vallejo, un viernes o un jueves. Yo no sé dónde ni cuándo. Me moriré vacilante, de este lado o del otro, mañana o más tarde. «Piedra negra sobre una piedra blanca», titulaba Vallejo a su fatídico poema. Yo nunca podré ponerle un título a mi vacilante vida. Me moriré sin nada, anónimo, indecible.

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