Un viaje

Aquella noche no dormí, la angustia y la incertidumbre me sumieron en un estado de desconcierto y total desamparo. Sí, había tomado la decisión de abandonar todo de un momento a otro, pero recaí en la duda, y el tiempo y la soledad no fueron los mejores consejeros. Mi llegada al aeropuerto fue irracional, impulsiva. Yo no tenía que haber dejado la ciudad, sin embargo, en ese instante, aquel actuar incesato era la última tentativa para traer de vuelta lo perdido y resarcir lo irreparable.

Después de pasar todos los controles, me adentré en la sala de espera, rodeado de personas de distintos orígenes. Un aeropuerto nos hace escuchar todas las voces, comprensibles e incomprensibles, mezcladas con el vaivén incesante de gente que se va, llega, se pierde y espera. No busqué una silla sino un rincón apartado donde dejar mi mochila y poder sentarme en el piso y, a manera de ensayo, repasar las palabras que escribí el día anterior, palabras como parte esencial de mi exposición frente a ella. A manera de venta, tenía que utilizar las mejores palabras para convencer y persuadir.

Pienso en ti de una forma un tanto obsesiva -repetí en voz baja como si alguien pudiera escucharme– te convertiste en la historia que siempre quería leer, te convertiste en el mundo del que recibía noticias diarias y en el que, sin darme cuenta, comencé a habitar para dejar de vivir en el propio.

Terminé de leer la frase poco convencido de que tuviese el mismo sentido y la misma fuerza al momento de traducirla al francés. Desde que la conocí , vivo entre lo que siento en español y lo que quiero decir en un idioma extranjero.

Ojalá pudieras saber la falta que me haces, – repito lento, para mí mismo y como si la tuviese frente, pensando en alguna posible interrupción y en cómo podría continuar la conversación si ésta se viese cortada de golpe-. No imaginas cuánto te extraño, como no puedo sacarte de mi mente. Estás en todas partes y sufro al saber que ya no estoy contigo, ni siquiera en el pensamiento. -¿de verdad tanto siento por ella?- Pienso en que quizás mi ausencia te traerá de vuelta a mí, que tan sólo necesitas algo de tiempo y espacio. Otras veces, me culpo por tantos errores que pude haber cometido y que motivaron tu eventual partida.

-Interesante libreta -me interrumpió una mujer con su sonrisa franca, sus ojos azules y su rostro rojizo-. ¿Escribes?

-Sí- le respondí con el evidente desconcierto de los hombres que no quieren ser interrumpidos- es el esbozo de un cuento, algo que debo tener listo antes de llegar a mi destino. 

—Pero no escribes, solo lees— me dijo, descubriendo mi mentira. Cómo sincearme con una extraña. No, no estaba de ánimos, no aquella vez. 

Era una mujer mayor que a simple vista podría tener la edad de mi abuela, pero con una jovialidad en el rostro que la hacía parecer más joven. Al inicio le respondí por mera cortesía, pero justo después la charla se volvió amena. Ella también escribía, como un recurrente pasatiempo que le servía como ejercicio para la memoria. Había leído mucho durante su niñez, cada vez menos durante la adolescencia y terminó por abandonar la lectura durante su juventud y su vida adulta.

—Pero al llegar al final de mi vida adulta, —dijo— tomé el valor de enfrentarme a la página en blanco y escabullirse en mis recuerdos como refugio, pues el pasado no pasa nunca.

No sé en realidad cuánto mal te hice —pude continuar con mi lectura en voz baja cuando la conversación con la mujer se agotó— pero quisiera regresar una y mil veces al pasado para corregirlo. Esta vez quise arreglar todo en el presente, te propuse que siguiéramos juntos, que trabajáramos en los errores. Te negaste. Porque el amor ya no era suficiente, porque las ganas de querer ya no eran las mismas, porque me convertí, afirmaste, en una carga insoportable, en un franco fastidio, en lo que una mujer no quiere.

Una leve malestar me oprimía el pecho, me temblaban las manos y mi respiración se entrecortaba mientras una voz, en francés y en inglés, comunicaba la puerta de embarque del vuelo J2807 con destino con dirección… era el momento de abordar.

Te quise con el alma, con los sentimientos más profundos, con las ansias de eternidad juntos. —leí nerviosamente, antes de tomar mis cosas y dirigirme hacia la puerta de embarque. ¿De verdad estoy siento realista?— Te amé como no me he amado a mí mismo. Si supieras cómo era antes de ti… yo ni siquiera creía en el amor a perpetuidad,, tampoco en que mis sentimientos pudieran concentrarse en tan sólo una mujer. Yo me enamoraba de ti día con día y, en lugar de pensar en el amor con una mujer nueva, tú eras esa mujer en la que me perdía eternamente. Tú eras mi eterno retorno, tú eras mil historias de amor en una sola mujer.

En menos de dos horas llegué a mi destino, a aquella ciudad que tantos recuerdos me guarda, que mi mira con nostalgia. Este último intento, aunque no haya tenido el resultado esperado, no fue en vano. Incluso si dejarla me dejó con una herida más profunda, su sonrisa franca, su ojos azules y su rostro rojizo me trajeron de vuelta a ese pasado que no pasa, eternizado con palabras.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑