Sobre la búsqueda

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, me llevó al reencuentro conmigo mismo. Después de un periodo donde mis lecturas me conducían a libros y a escritores más complejos; donde mi gusto se veía modificado y a su vez refinado sobre lo que la literatura aspira a ser: un arte por sí misma. Fue en ese tiempo que tuve que comenzar el arduo camino reflexivo entre el peso y la levedad. Y es que antes de Kundera yo me sentía perdido, con la creencia de que personas como yo no existíamos, y que el único lugar habitable eran los libros y la entreverada imaginación de un escritor. Si Tomás, Teresa, Sabina y Franz existen es porque son una amalgama de personas que se cruzaron en la vida Kundera, mezcladas con algo de sí mismo. Fue entonces cuando pude encontrarme conmigo mismo, dejarme llevar por una levedad con al límite de volverse insoportable.

La magia de Kundera reside en el contexto político y filosófico en el que están inmersos cada uno de sus personajes. Sus novelas intentan responder a las preguntas que nunca nos hemos hecho, preguntas de por vida al acecho si nos empeñamos en responderlas. Una vida con tantas preguntas sin respuestas nos podría parecer poco llevadera, no obstante, intentemos pensar cómo sería una vida carente de reflexión, donde nuestros instintos de natural supervivencia nos guiaran por el camino de la incoherencia. Convertirse en un ser reflexivo y autocrítico hace la vida más compleja, sí, pero a su vez más hermosa. Se dice que el éxito es un camino por el que pocos circulan, un sendero lleno de recompensas y reconocimientos ajenos, el éxito que consiste en ser la comidilla de los otros. El concepto del éxito, como el de la perfección y la belleza, no tienen forma. Esto quiere decir que sus definiciones residen en la conciencia individual, conciencia influenciada por otra, lo que nos lleva a pensar que somos deformes conscientemente. Nuestras ideas no son nuestras, nada de lo que retiene nuestra memoria nos pertenece, salvo nuestros más apreciados recuerdos acumulados a lo largo de nuestro tiempo de vida. Lo demás, todo conocimiento ajeno a nuestra experiencia de vida, no nos pertenece, lo que dota de irremediable de valor a nuestros argumentos. Vivimos en un mundo de realidades diversas, distintas, contradictorias, pero no por eso menos válidas. Juzgar nuestro presente a partir de ciertas decisiones tomadas en el pasado parece tan ingenuo como pensar que hoy amaneció nublado porque cuando era niño elegí quedarme dormido hasta muy tarde. No quiero decir que el destino exista, sino que el azar es mucho más preciso cuando de explicar nuestro futuro se trata. Nacimos solos, estamos solos. Somos el mero producto del azar, sin ideas propias, sin conciencia precisa de la verdad porque nada se puede interpretar desde el juicio maniqueo entre el blanco y el negro.

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