Rutina.

Aquel día, por la mañana, Gloria se despertó minutos antes de las seis de la mañana, minutos antes de que el despertador le indicara la hora en que debía interrumpir su sueño y levantarse de la cama. Era de día, pero la noche todavía no se desvanecia por completo. Aún así el aroma matinal entraba por la ventana de la habitación de Gloria, pues durante el verano dejaba la ventana abierta. Esta vez no se levantó de un salto de la cama para dirigirse a la regadera, sino que se quedó pensativa, con una sensación de abatimiento y desencanto por la rutina que parecía debilitarla cada día un poco más. Pensaba que, de seguir así, moriría en cualquier momento, de alguna manera ridícula, como al ser arrollada por un vehículo al no poner atención al momento de cruzar la avenida. Y no es que Gloria tuviera miedo a una muerte repentina, su miedo más grande era sentir dolor, poco importaba si era en vida o poco antes de pasar a mejor -o peor- vida. Ese miedo constante al dolor no la dejaba vivir plenamente.

Después de esperar a que el despertador sonase Gloria se levantó de la cama en dirección a la sala de baño, encendió la luz y se miró al espejo. Se miraba de cuerpo entero, y muchas de las veces en que lo hacía remarcaba los defectos de su vientre, sus piernas, sus brazos y los dedos de sus pies que consideraba poco uniformes. Tampoco es que Gloria fuera insegura de sí misma, sino que estaba condicionada a la opinión de los hombres con los que tenía fugaces y pocas veces relaciones duraderas, parejas de amor furtivo quienes creían que la belleza de una mujer estaba condicionada a su propia concepción de lo bello. Al final podemos suponer que Gloria era hermosa, y ella muy en el fondo lo consideraba cierto.

Después de tomar la ducha, vestirse y preparar su cosas para partir, Gloria se tomó el tiempo necesario, como siempre, para desayunar escuchando la misma emisión de radio, que todos los días a partir de las seis y hasta las ocho de la mañana daba las notícias del día. Esa mañana, sin prestar mucha atención, escuchó que la gente en Cataluña y en Alemania se manifestaban en contra del arresto de Puigdemont, hecho que reaviva la tensión política en Cataluña. Gloria pensó que ese tipo de acciones acotaban la libertad individual de cada ciudadano para elegir lo que a su uso de razón mejor los convenía. Ella tampoco se sentía libre, pero nadie saldría a las calles para marchar en contra de la vida y la rutina que la aprisionaba. Después de desayunar y lavar los platos Gloria sintió que algo le oprimía el pecho y se dejó llevar por la tristeza.

Gloria salió de casa, no sin antes respirar profundamente para evitar llorar una vez más. Caminando al trabajo pensaba en qué fue lo que estaba haciendo mal. Era cierto que su personalidad muchas veces resultaba totalmente fría, lo que llevaba a pensar que carecía de sentimientos, sin embargo no quería decir que Gloria no pudiera amar a nadie, sino que ya había amado sin ser correspondida. Al llegar al trabajo y cruzar el umbral de la puerta saludó a sus colegas con un fugaz y desinteresado buenos días. Entró a su oficina, se sentó frente al ordenador y, al igual que el día de ayer, comenzó su rutina.

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