Es ese el personaje de mi cuento, un viejo que lo ha perdido todo, incluso las ganas de vivir. Habla con los muertos, dos tazas de café, una para él y otra para su mujer ausente que está más presente que nunca. Ya vendrá a tomárselo, ella es así, viene cuando le da la gana, siempre fue obstinada, yo no tengo nada que reprocharle
Un puente
Dejar que vivas a la forma de tus deseos, la creatividad a cada paso, la renuente pasión que no te concede un momento de calma, desafiante, bella, con la fuerza de todas las mujeres que se alojan en ti: mujer caleidoscopio, otredad inasible. Yo, por mi parte, sembraré la tierra con lo que sea que pueda florecer. Nada dulce, eso es seguro, frutos ácidos por todas partes.
Los de allá
Reconciliarme con los muertos, escribirles lo que ya no podrán leer. Decirles que los quiero tanto, dondequiera que no estén. Y ellos diciéndome en una lengua muerta que los deje ir, que ya no hay cabida para el arrepentimiento, que lo hecho, hecho está
Nada se resuelve
Pero bien sé que las cosas no son así, que, como yo hice, primero es el diagnóstico y después se resuelve el problema, me dará cita para un día o dos después, y problema no resulto hasta que venga con todo lo necesario.
¿Qué soñó el tiempo?
El tiempo no soñó nada de esto, no soñó a este hombre que escribe un sábado a las seis de la tarde, ni este apartamento anclado a esta ciudad y que sirve de refugio para el hombre y sus libros. El tiempo soñó algo distinto, soñó a este mismo hombre menos solo, más enamorado y al roce de la felicidad
Miradas
La mujer, a la que no quiero darle nombre, evoca una locura subrepticia. Su discurso anda en un vaivén entre la extrema lucidez de los locos y la agonía sincera de los que aprecian la vida hasta su fin.
Sigo esperando
Y he venido ella porque la música toca fibras sensibles en mí. Se me cuela por los oídos hacia las venas, y cuando llega al corazón el alma la escucha y la recuerda, la trae de vuelta y la veo sonreír y caminar por la habitación.
Exorcizar los días
No hablo, en este trabajo el habla queda suprimida, no es necesaria, tan solo cuando se necesita confirmar algo, para pedir ayuda, para dar cuenta de un error. Para lo demás todo es silencio
Inferior
Simón había intentado defenderse, con la otra mano busca el punto exacto del corazón y le atraviesa el pecho hasta la muerte. La escena del crimen fue manipulada de tal manera que pareciese un suicidio, nadie sospecharía de él.
En ninguna otra parte
Retomando a Padura, yo soy un escritor más bien gracias a la distancia, a todo lo que me separa del lugar que me vio nacer. Amo más a mi país cuando me encuentro lejos, cuando me propongo a recordarlo con la dosis necesaria de nostalgia que lo embellece.