De mi nacimiento

Nadie recuerda el día de su nacimiento, nadie tiene un imagen viva y directa como recuerdo de aquel día en que se le dio a luz. Todos nos hemos construido un relato a semejanza de las crónicas familiares sobre aquel día que se festejará cada año y que se llamará nuestro cumpleaños. El mío, por confidencia del calendario, sucedió un viernes sin hora precisa. Mi madre dice que fue en la tarde y mi tía dice que fue muy de madrugada. Un parto doloroso, alivianado por la cesárea y el llanto de un bebé rojizo que ya tenía nombre en la mente de mi madre antes de nacer. No existen fotos de aquel día, pues mi padre y la cámara fotográfica familiar estaban ausentes. Mi tía cuenta que mi padre, muy a su usanza personal, no había acompañado a mamá al hospital, y que en lugar de hacer guardia nocturna en la sala de espera, había convocado a una fiesta en casa por el nacimiento de su quinto vástago. Invitó a todos su medios hermanos con sendas esposas, una comida familiar que terminó en borrachera, en un brindis alargado y general por mi nacimiento. Pienso que aquella fiesta y lo que será mi eventual e ineludible velorio serán los eventos en mi honor a los que nunca podré asistir. Mi tía le reprocha aun, a veintiocho años de distancia, aquel agravio contra mi madre, y a cada oportunidad da cuenta del día en que nací y de cómo papá celebró en casa mi llegada al mundo sin mamá y sin mí. Mi madre también se queja de la irresponsabilidad de papá aquel día, pero la imagen que tenía de cuando yo acababa de nacer y cuando por fin me ponía en sus brazos le da para olvidar todas las injurias de la vida. Aquel nacimiento, el de su quinto hijo, sucedió a poco más de dieciséis años de casados, de dulce o trabajoso matrimonio. No me queda claro todavía qué es lo que unía a mis padres, si casarse era un paso natural que dar en su vida para salir de la casa familiar o si un amor desaforado los llevó a vivir una vida juntos y a sortear todas las vicisitudes de formar un familia. Una historia escueta, la de mi nacimiento, pues es todo lo que se me ha contado, y siempre por intervención de mi tía. Mamá lo describe tan sólo como un día muy feliz; papá reniega la versión de mi tía y prefiere el silencio mientras ella sigue contando los pormenores del dia en que nací, la gran fiesta que duró hasta tarde, la primera borrachera en mi honor a la que no fui invitado.

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