Je ne rêve plus

Vouloir être écrivain et ne pas savoir comment le devenir. Écrire, mais écrire ne suffit pas. Je dois prendre le chemin de la correction, de la relecture de mes textes oubliés.

Ya no sueño

Querer ser escritor y no saber cómo llegar a serlo. Escribir, pero escribir no basta. Debo recorrer el camino de la corrección, de la relectura de mis textos olvidados.

Entre la página y el desengaño

Me di cuenta, con el remordimiento que causa la rememoración de los fallos pasados, de que nunca hice un retrato escrito de P. Si bien he dejado trazos tímidos en algunos textos, nunca hice una descripción deliberada de su ser. Si alguna vez lo hice fue con el ánimo de enamorar. Recuerdo haber exaltado, con hiperbólico egoísmo —como un regalo a cambio de una recompensa— no escasas virtudes: su belleza, la fuerza de su carácter, su incomparable inteligencia, su mirar diáfano y su reír de niña astuta

El mar helado

Toda biblioteca es un cartografía personal, y los libros de Kundera forman parte de la isla de mí mismo. La insoportable levedad del ser fue para mí un libro faro, una guía para encontrar y a la vez definir mi identidad. De cierta forma yo sentía que tenía mucho en común con todos los personajes de la novela. Podía sentirme tanto Sabina como Teresa; Tomás, Franz o Simón; incluso la joven de las gruesas gafas que aparece en contadas ocasiones. Yo, a mis 20 años, necesitaba de modelos que reflejasen la pluralidad de lo que significaba ser como yo sentía ser, y en los personajes de Kundera yo encontré el refugio que necesitaba para sentirme parte de un todo

La maldición de los libros

Sueña con las bibliotecas que se unen, las del lado de allá y el lado de acá, las imagina por fin reunidas, poblando la soledad del apartamento. Libros que dan vida, que conforman el mapa, el itinerario del lector. Mi vida en unos cuantos libros, muy pocos en comparación a la biblioteca del universo, pero mínimos, abordables, el esbozo más cercano de su dueño. Una biblioteca definida, retrato asimismo de mi deseo, de su caos consensuado.

Nada sé de cierto

Vuelvo a la imagen conjetural de la próxima vejez, del laberíntico andar por hospitales de paredes blancas, secretarias indolentes, médicos cansados y enfermeras de falsa cortesía. Se me verá distinto, se me hablará más fuerte, la presunta idea de que el señor ya no escucha bien. Andaré solo, pues no tendré hijos, mi mujer nunca quiso tenerlos, y yo me acostumbré a la vida de dos que se aman

Lo que pudo haber sido

Puso algo de música clásica y las primeras palabras nacieron. Cuán grato le fue el placer provocado por una pieza alegre, lejana, que le hizo la noche luminosa. No era el triste y melancólico Chopin esta vez, era una música que saltaba de alegría, que bailaba al paso de su escritura. Tres minutos le duró el encanto, la embriaguez, esa dulce borrachera

Escribir bien

A partir de una idea o una frase me dedicaba a hilvanar una oración tras otra, un recuerdo lacerante o gozoso, todos con un mínimo asomo de arrepentimiento. Había textos con temas recurrentes: la vida, la muerte, el suicidio, el amor, el fracaso, la nada. Venía tantas veces vacío, hastiado del mundo y sus cosas que todo me daba nausea. Han sido contadas las veces que me resultaba sencilla la tarea de escribir, en las que nacía un cuento de mil palabras, otras la continuación del final de una novela que me dejó inconforme

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