Tiempo futuro

Sepan bien gentes del futuro que hasta hoy no he podido terminar nada. Me gusta conformarme con mil palabras. Creo, con ingenuidad, que la vida se acabará pronto. Sin embargo deseo lo contrario, y debería poner de mi parte para que así suceda. La música eterna me dejará escribir hasta donde la muerte me lo permita. Y sentir alegría de que la vida aun no se acabe. Dueños del tiempo futuro. Dueños de un poco del azar que nos gusta llamar, no pocas veces, destino.

Diatribas

Me he vuelto, en poco tiempo, el tímido patológico, el hombre infecto, falto del encanto de los gallardos, de aquellos que ha cosechado la autoestima como fruto inagotable. Yo soy más bien, y sin ánimo flagelantes, un simple escribidor de lo cotidiano, lejos de lo que vale como literatura y más cerca del acumulador compulsivo de textos sin un fin previsto.

Somos deseo

También existe el que no desea nada, y ese desear nada es desear la muerte que de por sí ya es desear mucho. No siempre es un deseo inmutable, difícil de sortear o de intercambiar por el deseo de seguir pese al dolor que le infringe la vida. Estamos hechos de deseo, de unos padres ilusionados con la sorpresa que les dará la vida en nueve meses. No se nos consultó si queríamos llegar, si queríamos vivir, recorrer el camino de la vida como lo siguieron nuestros padres, nuestros abuelos, y así hasta la eternidad en el pasado.

La palabra

De palabras es el caminar tambaleante hacia al baño, la sed que se instala la garganta al despertar, el frío del agua que baja y que pone en funcionamiento la máquina de la vida. Palabras los números, los cientos de palabras que tienden a la sencilla multiplicación, proliferación de caracteres, de símbolos cargados de significados luminosos.

Un año menos.

Hay dos muertes, ambas como ausencia. Cuando el amor se termina, el otro muere, se transforma en otro ser que ya no reconocemos. Se siente la ausencia, la fúnebre sentencia, y se sufre porque se le sabe vivo, sin posibilidad de dar vida al amor de antaño. ¿Y el padre que muere? Con los padres también se tiene una relación de amor, el primer amor de la vida. Me decía que no hay consuelo para la muerte de un padre o de un hijo, tampoco para la muerte de la persona compañera de vida. No me parece sin embargo acertado comparar la muerte de un padre con el término de una relación amorosa, pero sí es el final de un historia de amor, hilvanada desde la infancia.

La literatura será mi venganza

Estoy condenado a la inmovilidad, a la espera de la menos llevadera de las desgracias, el viento que quema y el sol que no arde. Mi destino, si acaso lo azaroso permite pensar en una vida prescrita, está maldito, abocado a la miseria como forma reiterativa de la desgracia, y después la prueba final, la verdadera renuncia a toda esta vida que me he inventado, adiós a los libros, a este apartamento de exaltada vejez; la despedida funesta, adiós a la libertad que creí cosechada y que entonces, cuando todo termine, estará plagada de lo irrealizable.

Dentro de veinte años

Me imaginé a mis cuarenta y ocho años viniendo con el mismo doctor —si acaso él también seguía vivo— para decirle si recordaba que hace veinte años él me puso la vacuna contra el tétanos y la difteria, y en un acto de extrema confianza confesarle que ese día yo no creía poder llegar a vivir tanto, que me veía muerto cualquier otro día por azar y que esta segunda o tercera vacuna en mi vida no habría sido necesaria. Y nos reímos de las sorpresas que da la vida, de tantos años de consulta y que al final no tenemos muchos años de diferencia, los dos todavía en la segunda etapa de la juventud.

Cómo todo se desmorona.

No sé de crisis de ansiedad en carne propia, no las conozco, no siento cómo un hueco profundo se instala en el pecho, la angustia tan cerca y tan lejos como el vaivén de las olas de un mar espumoso en una playa solitaria donde un atardecer pinta el cielo de color rojizo. No me... Leer más →

Flujo temporal

El presente no existe, es tan solo un poco de porvenir y de pasado que confluyen. Tres presentes, el presente actual, este que se aleja mientras escribo; el presente del pasado, el que pertenece a la memoria, el de los recuerdos y el presente del porvenir, una mezcla de temores y esperanzas. Nueva contradicción, sólo hay presente, el presente dividido en tres. Soy el hombre varado en el río del tiempo, siento sus aguas que corren sobre mi cuerpo, aguas que vienen desde la eternidad y que avanzan hacia el porvenir o viceversa.

Memoria y voluntad

Yo no quería venir, a mí me obligaron unos hombres pálidos de rasgos imprecisos y de caras muy largas, de esas que parecen que tocan el suelo, llevadas como una carga insoportable. Me trajeron aquí con artimañas, una estratagema bien hecha, tan buena para engañar tanto a un niño de mediana inteligencia como a un... Leer más →

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