La vida luminosa

Me han vuelto los días soleados, el amor recurrente, la familia acogedora, lo amaneceres de ranas y canales. Un desayuno frugal, el andar en bicicleta por tierras planas, caminar entre el verdor naciente de la primavera. No sentirme como en casa, porque sentirme como en casa denota incomodidad, sino sentirme bienvenido, sosegado, invadido de sentimientos benevolentes.

Medusa de oro sobre la almohada

Me dice no te detengas, sigue, sigue, como esa voz que anuncia el final de un todo. Y me seguirá siempre porque la pienso y la enumero, y me he vuelto su esclavo por no dejarla ir. Y qué cómoda es esta prisión de cuatro paredes. Ella toma de nuevo un libro y grave me dice que no hay ningún dibujo, ninguna imagen, tan sólo letras, me dice riendo, como tú

Llegarás tarde

Ella era poesía, Ángel, me leía poesía todas la noches, después enarbolábamos besos infatigables, labios como peces desesperados, bocas que se decían tanto sin decir nada. La recuerdo quedándose un minuto más, todavía es muy pronto para que te vayas, quédate. Nunca dormimos juntos, nunca una noche hasta el amanecer

De lo que no se escribe

Vana es la búsqueda fuera, todo está dentro del escritor, el abismo vertiginoso, la gloria incandescente, la medianía resistente y disparatada. Es adentro donde la búsqueda debe tener lugar, perderse por estrechos laberintos, el espejo de recuerdos y lejanías, de amores y desencuentros. Todo está entreverado en el lento sentir del escritor, en su memoria maldita y azarosa, presa del deseo de guardarlo todo. Se trabaja con la inimaginable piedra de la memoria, con el cincel de tiempo, las manos dolorosas y la vista cansada. El oficio del escritor tiene como propósito la traducción abigarrada del alfabeto que compone una realidad difusa, no dada, intercambiable. Se tiene el regalo de la memoria, pero esta es egoísta cuando pretende guardarse en olvido los momentos más felices

Dejar de lado

Ser el autor decadente, sin complejos, el escritor obstinado con su labor de escritura diaria, el más disciplinado de los inconsecuentes, de los desordenados. Mezclar mi irresponsabilidad con la más férrea de las disciplinas, llevar a cabo el proyecto de escritura que corre el riesgo de empolvarse en el cajón de la indecisión

Donde hubo fuego silencio queda

¿La he perdido? Todavía creo, con la ingenuidad del amante abnegado, que volverá con un mensaje de añoranza inclinado a la disculpa. Me hablará —quiero creer— del amor todavía presente, a prueba del tiempo y la distancia. Quién sabe. Acaso lo mejor sería la resignación, festejar en silencio lo sucedido, y pasar de largo, dejar el amor de mi vida en ese pasado menesteroso, en el lugar de lo que pudo ser. Ya no volver a la semilla, rechazar todo intento de recuperar los años perdidos

Me gustabas así

Llegó el viernes, llegaron más días, volvíamos a hacer música, una orquesta de dos instrumentos, cuerdas y vientos, percusiones. Noches después, con más calma, te recostaste en mi pecho y me pediste que te contara la historia de mi vida, la enumeración de mis encuentros y desencuentros amorosos, cuerpo y pasado al desnudo. Acariciando mi pecho hilvanabas las perlas de mi pasado en el collar de tu memoria, dibujabas el retrato de mi rostro, le dabas color a mi personalidad con más sombras que luces

Desmemoria

Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar

Me gusta saber que estamos

Me dedico a la contemplación malsana del voyerista que observa a los demás caminantes seguros de la senda elegida. Yo espero la señal que no llega. Espero a que tú pases enfrente mío y, sin que me veas, seguirte a distancia, encontrarme contigo por falsa casualidad, el plan de toda una vida que siempre quiso ser y que se había resistido

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