Qué fácil se dejó llevar por el consuelo de una ensoñación, por los abrazos que duraban un segundo, un beso de labios lejanos. La vio partir como felicidad, le dio un libro para que no olvidase su nombre, para que cada palabra le sonara a él. Ha sido tantos hombres, menos aquel con quien ella ha desfallecido de amor
Otra afrenta
No obstante, lo asaltarán otras ideas, llegarán a brincos, conejos de tiempo y de espacio empecinados en quitarle el libro de las manos para darle otro, o para que tome su cuaderno y escriba, o para que no haga nada, para que se deja llevar por lo que le muestra el espejo negro, dejar que pase el tiempo, que se le escurra de las manos hacia la eternidad. Hará muy poco, nada de lo que se propuso, infamia contra la vida misma, contra sí mismo. Escuchará las voces del más allá que le dirán que deje de hacerse el imbécil, que deje de jugar a la inmortalidad, que si no sabe vivir pueden intercambiar de lugares, de este lado puedes hacer lo mismo, entregarse a la eternidad insípida y no al instante glorioso y efímero de la vida
De lo perdido
Han sido años difíciles, la delatan los movimientos nerviosos de las manos, esa ansiedad física ante los problemas presentes. Siente una nostalgia irreversible al comparar las edades, yo veintinueve y ella treinta y seis. Eres muy joven, me dice, y suelta un suspiro resignado. Es insegura, y como toda mujer con falta de autoestima no carece de la bondad como bandera, de un corazón maltratado pero que sigue dándose sin reparos
Variaciones
No es un día como ayer, él lo siente como si una fiera lo esperase detrás de la puerta, lista para darle una mordida de sorpresa, de regreso a la vida común. Hay algo en el ambiente que acecha como el deseo por cumplirse del niño que cree en los milagros. En el apartamento se respira el mismo aire, el entorno no ha cambiado, no se ha molestado en gastar en adornos superfluos, en un árbol de navidad con sus esferas y sus luces. Aquí no se festeja la Navidad, dirán los que se asomen a la sala, aquí se respira la desolación de un hombre cansado, ocupado en otros menesteres más urgentes que la fiesta de esta noche
No es un secreto
Me niego a olvidarla, a cambiarle el nombre, me acostumbro a su vacía presencia que lo llena todo. Es ella esa luz de un día en que mi corazón apesadumbrado se contrae, caída libre de un pensamiento suicida. Es entonces cuando resisto, me pronuncio por el hartazgo, desdeño mis libros, mis cuadernos, la vida que no se parece a como la había imaginado. Y luego esto, la escritura que no me lleva a ninguna parte, la página que no se llena, difícil de llegar al limite propuesto
Cartas y despedidas
Sus líneas carecían de confianza, se percibía el miedo a equivocarse, no estar a la altura —si así se puede decir— de lo que yo escribo. Parece que en el amor existe la competencia, la rivalidad decorosa entre los amantes por estar siempre a la altura del otro. Sus palabras dudaban de que no resultasen suficientes, me decía que mi voz se parecía a la de otro hombre, con nombre y apellido, y enseguida la describía como calma, educada, grave
El desasosiego de no saber
Debe ser a cierta edad en la vida, cuando se ha vivido la pasión del amor, en su pico más alto y en su decadencia, cuando el no saberse correspondido, en lugar de ser un agravio resulta un alivio. Saber que lo que se siente no es recíproco deshace todas las inquietudes, desvanece todas las ficciones que no son más que esperanzas infundadas. No resulta doloroso saberlo, pues amar así, con tantas dudas y sobrentendidos resulta agotador, y lo que fatiga resulta indeseable
El otro
—¿Algún último consejo antes de irnos? —me pregunta con la esperanza de que los años lo hayan vuelto más sabio. En ese momento desaparecí, lo dejé solo para que siguiera su vida. Mi propia vida no va tan bien para poder jugar al consejero. Él sabe lo que tiene que hacer, lo hará o lo dejará de hacer todas formas. Se equivocará tantas veces, y espero que cometa los mismos errores para que yo no desaparezca
Un malentendido
Escribo para sentirme parte de un gran círculo de amigos invisibles. Sin embargo no ocultaré que también escribo por vanidad, como venganza no infalible contra las ofensas de la vida, para que se me quiera más, para que se me lea, para invadir otras mentes, para quedarme, para enamorar a la mujer deseada
El cazador
Lúgubre existencia la de este hombre apesadumbrado por el pasado que no puede cambiar y por el hombre que no pudo ser. Hombre sin atributos al que se le va la vida como el espectáculo silencioso del mundo a través de una ventana