Vana es la búsqueda fuera, todo está dentro del escritor, el abismo vertiginoso, la gloria incandescente, la medianía resistente y disparatada. Es adentro donde la búsqueda debe tener lugar, perderse por estrechos laberintos, el espejo de recuerdos y lejanías, de amores y desencuentros. Todo está entreverado en el lento sentir del escritor, en su memoria maldita y azarosa, presa del deseo de guardarlo todo. Se trabaja con la inimaginable piedra de la memoria, con el cincel de tiempo, las manos dolorosas y la vista cansada. El oficio del escritor tiene como propósito la traducción abigarrada del alfabeto que compone una realidad difusa, no dada, intercambiable. Se tiene el regalo de la memoria, pero esta es egoísta cuando pretende guardarse en olvido los momentos más felices
Dejar de lado
Ser el autor decadente, sin complejos, el escritor obstinado con su labor de escritura diaria, el más disciplinado de los inconsecuentes, de los desordenados. Mezclar mi irresponsabilidad con la más férrea de las disciplinas, llevar a cabo el proyecto de escritura que corre el riesgo de empolvarse en el cajón de la indecisión
Donde hubo fuego silencio queda
¿La he perdido? Todavía creo, con la ingenuidad del amante abnegado, que volverá con un mensaje de añoranza inclinado a la disculpa. Me hablará —quiero creer— del amor todavía presente, a prueba del tiempo y la distancia. Quién sabe. Acaso lo mejor sería la resignación, festejar en silencio lo sucedido, y pasar de largo, dejar el amor de mi vida en ese pasado menesteroso, en el lugar de lo que pudo ser. Ya no volver a la semilla, rechazar todo intento de recuperar los años perdidos
Me gustabas así
Llegó el viernes, llegaron más días, volvíamos a hacer música, una orquesta de dos instrumentos, cuerdas y vientos, percusiones. Noches después, con más calma, te recostaste en mi pecho y me pediste que te contara la historia de mi vida, la enumeración de mis encuentros y desencuentros amorosos, cuerpo y pasado al desnudo. Acariciando mi pecho hilvanabas las perlas de mi pasado en el collar de tu memoria, dibujabas el retrato de mi rostro, le dabas color a mi personalidad con más sombras que luces
Desmemoria
Hoy, además de ser lector, he podido ser escritor. Nadie puede arrebatarme este triunfo, esto formará parte de la infinita corrección de mi vida, de la retrospección, de un pasado que por escribirse se vuelve olvido. De esto no me voy a acordar en una semana, esto pasará como la lluvia, como el atardecer, como la música de piano de fondo. Guardo aquí lo que mi memoria se dispone a borrar
Me gusta saber que estamos
Me dedico a la contemplación malsana del voyerista que observa a los demás caminantes seguros de la senda elegida. Yo espero la señal que no llega. Espero a que tú pases enfrente mío y, sin que me veas, seguirte a distancia, encontrarme contigo por falsa casualidad, el plan de toda una vida que siempre quiso ser y que se había resistido
No es el lugar
Sigue suspirando, resoplos de tristeza, no se le da expresarse con palabras. El llanto le viene como la locura, mezclado de risa, incomprensible. Hay algo profundo que no logra exteriorizar, la razón de su desdicha, de su entrega a la vida leve, ausente en la medida de lo posible
Contar qué
Es ese el personaje de mi cuento, un viejo que lo ha perdido todo, incluso las ganas de vivir. Habla con los muertos, dos tazas de café, una para él y otra para su mujer ausente que está más presente que nunca. Ya vendrá a tomárselo, ella es así, viene cuando le da la gana, siempre fue obstinada, yo no tengo nada que reprocharle
Un puente
Dejar que vivas a la forma de tus deseos, la creatividad a cada paso, la renuente pasión que no te concede un momento de calma, desafiante, bella, con la fuerza de todas las mujeres que se alojan en ti: mujer caleidoscopio, otredad inasible. Yo, por mi parte, sembraré la tierra con lo que sea que pueda florecer. Nada dulce, eso es seguro, frutos ácidos por todas partes.
Los de allá
Reconciliarme con los muertos, escribirles lo que ya no podrán leer. Decirles que los quiero tanto, dondequiera que no estén. Y ellos diciéndome en una lengua muerta que los deje ir, que ya no hay cabida para el arrepentimiento, que lo hecho, hecho está