El lugar de mi calma

No se me ocurre mayor halago que decir que en ti yo encontré el libro que estaba buscando, porque toda vida es un camino para llegar a un libro. Te encontré y quise leerte, quise hojear precipitado tus páginas de piel y sangre, pronunciar lento cada palabra, cada frase, llegar a leerte entrelíneas. Sentí por vez primera que podía prescindir de este lugar, de mis paredes mortecinas, de mis libros que sostienen mi ánimo por vivir un nuevo día

Aves

Hay un árbol a lo lejos, el alto sauce de lo no vivido, de mis miedos, en su cima reside la felicidad inminente, sobre sus ramas se posan las horas que pican, y más arriba los presagios que se me escapan de las manos

¿Entonces cuándo?

La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?

Diáfana

Mis manos que ya no te dibujan, que ya no tocan el borde de tu boca. ¿Jugamos al cíclope? Sentencia pasada y presente. Qué es hoy sino la acumulación de los ayeres, la substancia del ayer. Tiempo, se nos debe tiempo, representación móvil de la eternidad. ¿Hasta cuándo? Hasta que me decida a ventilar la casa del tufo amargo y dulzón de nuestro amor con miras a lo eterno.

Escribir bien

A partir de una idea o una frase me dedicaba a hilvanar una oración tras otra, un recuerdo lacerante o gozoso, todos con un mínimo asomo de arrepentimiento. Había textos con temas recurrentes: la vida, la muerte, el suicidio, el amor, el fracaso, la nada. Venía tantas veces vacío, hastiado del mundo y sus cosas que todo me daba nausea. Han sido contadas las veces que me resultaba sencilla la tarea de escribir, en las que nacía un cuento de mil palabras, otras la continuación del final de una novela que me dejó inconforme

Víctimas felices

Por primera vez sentí la aguja de la ausencia clavada en el corazón. I. no me dijo que no me fuera, ella lo sabía irremediable, pero me dijo me vas a hacer tanta falta, quiero que vuelvas, que en el porvenir esté inscrito dos que se unen, que caminan de la mano por la playa, que se quieren al calor del mediodía, frente al mar, víctimas felices de la brisa y de la infinita arena

Abrazarme a tu abrazo

Siempre celebré tu facilidad para evadirte del mundo que no te interesaba, reinventarlo y, cuando la noche y el clamor callado de la vida te daban tregua, te entregabas al devaneo de las ensoñaciones, repasabas el día y borrabas lo que no había valido la pena, reescribías tu propia historia, hacías retoques aquí y allá en las imágenes de tu memoria

Su recuerdo

No recuerdo los proemios de la conquista, sin embargo, los imagino espontáneos, fruto de mi exceso de confianza que se apoyaba en mi juventud. Fue un acercamiento gradual, de conversaciones diáfanas y de coquetería subrepticia. Como no recuerdo los inicios tampoco tengo idea clara del final. Todo esto son elucubraciones mías, estratagemas de las que se sirve la inventiva para reconstruir un pasado borroso, de difícil recuperación

Una pasión ya sin nombre

Esa debe ser tu idea, de una luminosidad que sana, que evita la caída en el abismo peligroso de lo ya vivido. Por eso huyes de mí, me lees desinteresada, como un descuido, como se lee un anuncio en la calle, como se escucha la voz que anuncia la estación del metro, o peor, no me lees, miras mi mensaje rápido, de soslayo, como se ignora a un menesteroso al que no se le quiere dar dinero, de soslayo porque su mirada esperanzada por una moneda da lástima, no caer en ese juego, porque se le volvería costumbre

Variaciones

No es un día como ayer, él lo siente como si una fiera lo esperase detrás de la puerta, lista para darle una mordida de sorpresa, de regreso a la vida común. Hay algo en el ambiente que acecha como el deseo por cumplirse del niño que cree en los milagros. En el apartamento se respira el mismo aire, el entorno no ha cambiado, no se ha molestado en gastar en adornos superfluos, en un árbol de navidad con sus esferas y sus luces. Aquí no se festeja la Navidad, dirán los que se asomen a la sala, aquí se respira la desolación de un hombre cansado, ocupado en otros menesteres más urgentes que la fiesta de esta noche

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