Por primera vez sentí la aguja de la ausencia clavada en el corazón. I. no me dijo que no me fuera, ella lo sabía irremediable, pero me dijo me vas a hacer tanta falta, quiero que vuelvas, que en el porvenir esté inscrito dos que se unen, que caminan de la mano por la playa, que se quieren al calor del mediodía, frente al mar, víctimas felices de la brisa y de la infinita arena
Abrazarme a tu abrazo
Siempre celebré tu facilidad para evadirte del mundo que no te interesaba, reinventarlo y, cuando la noche y el clamor callado de la vida te daban tregua, te entregabas al devaneo de las ensoñaciones, repasabas el día y borrabas lo que no había valido la pena, reescribías tu propia historia, hacías retoques aquí y allá en las imágenes de tu memoria
Su recuerdo
No recuerdo los proemios de la conquista, sin embargo, los imagino espontáneos, fruto de mi exceso de confianza que se apoyaba en mi juventud. Fue un acercamiento gradual, de conversaciones diáfanas y de coquetería subrepticia. Como no recuerdo los inicios tampoco tengo idea clara del final. Todo esto son elucubraciones mías, estratagemas de las que se sirve la inventiva para reconstruir un pasado borroso, de difícil recuperación
Una pasión ya sin nombre
Esa debe ser tu idea, de una luminosidad que sana, que evita la caída en el abismo peligroso de lo ya vivido. Por eso huyes de mí, me lees desinteresada, como un descuido, como se lee un anuncio en la calle, como se escucha la voz que anuncia la estación del metro, o peor, no me lees, miras mi mensaje rápido, de soslayo, como se ignora a un menesteroso al que no se le quiere dar dinero, de soslayo porque su mirada esperanzada por una moneda da lástima, no caer en ese juego, porque se le volvería costumbre
Variaciones
No es un día como ayer, él lo siente como si una fiera lo esperase detrás de la puerta, lista para darle una mordida de sorpresa, de regreso a la vida común. Hay algo en el ambiente que acecha como el deseo por cumplirse del niño que cree en los milagros. En el apartamento se respira el mismo aire, el entorno no ha cambiado, no se ha molestado en gastar en adornos superfluos, en un árbol de navidad con sus esferas y sus luces. Aquí no se festeja la Navidad, dirán los que se asomen a la sala, aquí se respira la desolación de un hombre cansado, ocupado en otros menesteres más urgentes que la fiesta de esta noche
No es un secreto
Me niego a olvidarla, a cambiarle el nombre, me acostumbro a su vacía presencia que lo llena todo. Es ella esa luz de un día en que mi corazón apesadumbrado se contrae, caída libre de un pensamiento suicida. Es entonces cuando resisto, me pronuncio por el hartazgo, desdeño mis libros, mis cuadernos, la vida que no se parece a como la había imaginado. Y luego esto, la escritura que no me lleva a ninguna parte, la página que no se llena, difícil de llegar al limite propuesto
El desasosiego de no saber
Debe ser a cierta edad en la vida, cuando se ha vivido la pasión del amor, en su pico más alto y en su decadencia, cuando el no saberse correspondido, en lugar de ser un agravio resulta un alivio. Saber que lo que se siente no es recíproco deshace todas las inquietudes, desvanece todas las ficciones que no son más que esperanzas infundadas. No resulta doloroso saberlo, pues amar así, con tantas dudas y sobrentendidos resulta agotador, y lo que fatiga resulta indeseable
La vida luminosa
Me han vuelto los días soleados, el amor recurrente, la familia acogedora, lo amaneceres de ranas y canales. Un desayuno frugal, el andar en bicicleta por tierras planas, caminar entre el verdor naciente de la primavera. No sentirme como en casa, porque sentirme como en casa denota incomodidad, sino sentirme bienvenido, sosegado, invadido de sentimientos benevolentes.
Llegarás tarde
Ella era poesía, Ángel, me leía poesía todas la noches, después enarbolábamos besos infatigables, labios como peces desesperados, bocas que se decían tanto sin decir nada. La recuerdo quedándose un minuto más, todavía es muy pronto para que te vayas, quédate. Nunca dormimos juntos, nunca una noche hasta el amanecer
De lo que no se escribe
Vana es la búsqueda fuera, todo está dentro del escritor, el abismo vertiginoso, la gloria incandescente, la medianía resistente y disparatada. Es adentro donde la búsqueda debe tener lugar, perderse por estrechos laberintos, el espejo de recuerdos y lejanías, de amores y desencuentros. Todo está entreverado en el lento sentir del escritor, en su memoria maldita y azarosa, presa del deseo de guardarlo todo. Se trabaja con la inimaginable piedra de la memoria, con el cincel de tiempo, las manos dolorosas y la vista cansada. El oficio del escritor tiene como propósito la traducción abigarrada del alfabeto que compone una realidad difusa, no dada, intercambiable. Se tiene el regalo de la memoria, pero esta es egoísta cuando pretende guardarse en olvido los momentos más felices