Nada serio

Entre el vaivén de Laura, la mano de Gloria y el ritmo de la música, Ronald imagina una vida distinta. Pero al amanecer, la honestidad llega tarde.

La música que escribe

Estas palabras no son dictadas por una musa. Vaya, ni siquiera parecen dictadas por mí. Es la música de fondo la que escribe. Mis manos se han vuelto notas sobre la partitura de esta hoja blanca. Yo me he vuelto instrumento e interpreto aquí otra de mis conocidas melodías

Amar como ama un escritor

Florentino fue el primero. Me enseñó que el amor puede esperar entre pequeños amores, que nada está dicho y que la paciencia siempre trae sus recompensas. La mujer amada hasta el final de sus días, o de los míos, porque donde hubo amor siempre queda alguna semilla expectante, lista para germinar

Saudade desplazada

No sé nada. Escribo porque ha sido mi promesa: escribir a pesar de mi incapacidad de escribir. Sería muy fácil abandonar la escritura para dedicarme a leer. No puedo, sin embargo, interrumpir estas dos actividades. Leer y escribir como condena gozosa, con vistas a la perpetuidad. El trabajo literario que no hace más que multiplicarse como el monstruo de las mil cabezas

Entre la página y el desengaño

Me di cuenta, con el remordimiento que causa la rememoración de los fallos pasados, de que nunca hice un retrato escrito de P. Si bien he dejado trazos tímidos en algunos textos, nunca hice una descripción deliberada de su ser. Si alguna vez lo hice fue con el ánimo de enamorar. Recuerdo haber exaltado, con hiperbólico egoísmo —como un regalo a cambio de una recompensa— no escasas virtudes: su belleza, la fuerza de su carácter, su incomparable inteligencia, su mirar diáfano y su reír de niña astuta

El lugar de mi calma

No se me ocurre mayor halago que decir que en ti yo encontré el libro que estaba buscando, porque toda vida es un camino para llegar a un libro. Te encontré y quise leerte, quise hojear precipitado tus páginas de piel y sangre, pronunciar lento cada palabra, cada frase, llegar a leerte entrelíneas. Sentí por vez primera que podía prescindir de este lugar, de mis paredes mortecinas, de mis libros que sostienen mi ánimo por vivir un nuevo día

Aves

Hay un árbol a lo lejos, el alto sauce de lo no vivido, de mis miedos, en su cima reside la felicidad inminente, sobre sus ramas se posan las horas que pican, y más arriba los presagios que se me escapan de las manos

¿Entonces cuándo?

La noche larga se nos hizo corta, el primer beso de despedida, explosión de recuerdos, pasado y presente conjugados en minutos hacia el futuro. Beso cada vez más largo, cuerpos agitados, latidos a destiempo, suspiros del primer amor quebradizo. Nos miramos palpitantes, trastocadas por el mañana imposible, esta noche no, pero ¿entonces cuándo?

Diáfana

Mis manos que ya no te dibujan, que ya no tocan el borde de tu boca. ¿Jugamos al cíclope? Sentencia pasada y presente. Qué es hoy sino la acumulación de los ayeres, la substancia del ayer. Tiempo, se nos debe tiempo, representación móvil de la eternidad. ¿Hasta cuándo? Hasta que me decida a ventilar la casa del tufo amargo y dulzón de nuestro amor con miras a lo eterno.

Escribir bien

A partir de una idea o una frase me dedicaba a hilvanar una oración tras otra, un recuerdo lacerante o gozoso, todos con un mínimo asomo de arrepentimiento. Había textos con temas recurrentes: la vida, la muerte, el suicidio, el amor, el fracaso, la nada. Venía tantas veces vacío, hastiado del mundo y sus cosas que todo me daba nausea. Han sido contadas las veces que me resultaba sencilla la tarea de escribir, en las que nacía un cuento de mil palabras, otras la continuación del final de una novela que me dejó inconforme

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