Libros mis maestros

Como tal, yo no tengo una máquina de escribir sino una computadora —ordenador, le llaman de este lado— a la que le he tomado cariño. La primera. Teclas que se desgastan poco a poco; lento a veces, rápido cuando quiere, menos ruidoso que el golpeteo de una máquina de escribir. Épocas distintas. Y no por... Leer más →

El cuaderno y el rostro

He agotado las páginas de mi cuaderno. Mi diario se ha cerrado: ha llegado al final de sus días, no así los míos. Un cuaderno sin más páginas ofrece el sosiego de haber dejado testimonio de lo vivido o lo pensado, pero también ofrece el porvenir: ese gozoso volver a comenzar con un cuaderno cuyas páginas se presentan indemnes, como el mañana que no puedo calcular

La enfermedad del tiempo

Itinerario en pausa: la vida afuera durante un día y la sensación de que se me han escapado horas esenciales para la creación. No se puede vivir así, con esta angustia como una enfermedad que consume poco a poco hasta matarnos. Pensar que el llamado puede llegar en cualquier momento, justo cuando uno no pueda... Leer más →

El que sueña escribe mejor que yo

El hombre pidió unas gafas más baratas. Dijo que no pensaba aprovecharlas del todo. La dependienta insistió: —Es por su salud visual. Entonces él se quitó las suyas. Y ella entendió. —¿Tiene un espejo? El ciego sonrió al verse

Fragmentos de un escritor

Ese ha sido siempre el problema: me cuesta ordenar mis ideas y darles una salida coherente. Por eso mi blog se llama Fragmentos de un escritor: porque soy un experto en el arte de no terminar nada de lo que escribo. No doy continuidad a ningún fragmento publicado. Todo lo dejo como sale de la imprenta virtual. Ya no me interesa cambiar nada, salvo alguna falta de ortografía o de sintaxis.

Ocupar el tiempo

¿Es ese el camino correcto? Cesar Aira aconseja —sin ánimos de dar consejos— que el escritor novel deje de lado el ideal de escribir buenos libros, de dedicar toda una vida a una obra y que mejor opte por escribir, sin intención premeditada, malos libros, pues los buenos libros son numerarios y están en todas partes. Optar por la vanguardia, pues ella es la que tiene el veredicto inapelable del futuro. Cesar Aira es entonces el escritor que ha cavado su propia tumba de eternidad y gloria, su propio reducto donde no cabe nadie más que él. Con persistente y desinteresado denuedo por no figurar como un gran y no menospreciable escritor, Aira ha entrado por la puerta grande en el marco contemporáneo de la literatura que vale la pena leerse.

Contra el encierro

Vi a un hombre llevar a dos pequeños: uno de la mano y otro en un coche de niño. Iban los tres camino a casa, el padre como único guía y alcoholizado a grandes luces. Minutos después, lo encontré aún en la misma calle, tambaleándose entre charlas de hombres de su mismo talante. Los niños, silenciosos, esperaban. Seguí mi camino, imaginando un futuro en que los hijos no repitieran el destino del padre.

Una casa y muchos libros

Por ahora no tengo nada, apenas una leve esperanza que no acaba de nacer. Me digo que la vida me dará la sorpresa, que el camino por fin se me mostrará claro y ya no tendré que vivir en la encrucijada. Por ahora vivo una vida lenta, con pausas leves y momentos incipientes de aceleración instantánea y efímera

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