Mi padre, sin proponérselo, una noche de fin de año, nos dejó un mensaje para nuestro consuelo. A más de un año de su muerte corporal se ha vuelto recuerdo imperecedero. En el video se le ve feliz, el ánimo alebrestado por unos cuantos tragos de cerveza, y mi hermano le pide —sin saber que ese video sería hoy una reliquia invaluable— que diga unas palabras. Y papá dice, con esa timidez suya: pues qué tantas palabras puedo decir si ya han dicho todo. Yo lo que quiero es que, así como estamos ahorita, estemos siempre unidos; que Dios nos preste vida y que la paz, la felicidad y el amor mutuo nos brinde con toda su misericordia. Y que seamos todos muy felices: ¡feliz año nuevo!
De lo que nadie puede arrebatarme
He de salir airoso de los embates de la vida al saber que he cosechado, en las profundidades de mí mismo, memorias que nadie puede robarme. Nadie puede acceder —salvo la enfermedad del olvido— y quitarme lo que es sólo mío. No me pueden mutilar el pensamiento, tampoco intervenir lo vivido, tampoco todo lo que no he perdido porque ha pasado. ¿He salido entonces indemne de otro año? Mi cumpleaños me sabe agridulce, un andar sobre la tristeza con destellos en el horizonte. Me conformo, que es lo mismo que alegrarse, con lo que he conseguido. Si bien rozo la miseria, la he evadido. Como decía mi padre, hay que agradecer por tener un techo, una comida, trabajo y salud; sobre todo esta última, que sin salud no se puede hacer nada.
Dar forma
Dividir la vida entre leer, escribir, releer, corregir, romper, reescribir. Pequeños pasos, crónica mínima de mi esfuerzo, una razón de ser, del sueño realizado para ya morir en paz, para dejar algo, para dejarme a mí en el recoveco de la eternidad, en un libro perdido, de muy pocos ejemplares que nadie va a comprar
Extrañeza
Ya no me reconozco, pero si es lo normal, me dice la voz lógica que llevo dentro, el tiempo influye, el tiempo moja con sus aguas de desgaste. Lo sé, tan solo quería dar pie al texto, comenzar a subir los peldaños de la escritura, llegar a la cima, o tocar el fondo. Ya no me reconozco en los pasos promisorios del joven obnubilado por un futuro esperanzador. No me preocupaba por lo que quería hacer, como hoy, ayer no tenía nada claro.
La literatura será mi venganza
Estoy condenado a la inmovilidad, a la espera de la menos llevadera de las desgracias, el viento que quema y el sol que no arde. Mi destino, si acaso lo azaroso permite pensar en una vida prescrita, está maldito, abocado a la miseria como forma reiterativa de la desgracia, y después la prueba final, la verdadera renuncia a toda esta vida que me he inventado, adiós a los libros, a este apartamento de exaltada vejez; la despedida funesta, adiós a la libertad que creí cosechada y que entonces, cuando todo termine, estará plagada de lo irrealizable.
El niño y el hermano
No parece una historia digna de contarse, no porque fuese una infancia un tanto desgraciada sino porque los involucrados, personajes ya sin rostro, adolecen de dignidad. El niño pudo haber sido lo que él se propusiera, un músico remarcable, un científico, un pintor, un intelectual de su tiempo, glorioso el destino, hombre de leyes o... Leer más →
Entrada sin salida
Sucede que los recuerdos no llegan solos, sino que son traídos por una lectura importante o cualquiera. Para mí son casi siempre las palabras las que despiertan los recuerdos dormidos de la memoria; para otros puede ser que un aroma, una imagen o una canción enciendan una luz en el recuerdo, muestre un momento de... Leer más →
Un hombre afortunado.
Llevaba un hacha en la mano, vestía el uniforme de trabajo de todos los días, pantalones de mezclilla, zapatos negros y una camisa con el logo de la empresa estampado en el bolsillo de enfrente junto a su nombre y su puesto de “Director General”. Se había despertado a la misma hora de siempre, con... Leer más →
Lúcida ceguera
Cuando era niño, mamá tuvo que someterse a una cirugía ocular para curar su glaucoma, enfermedad que a su vez sufría mi padre, a quien meses antes también hubo que realizarle la misma operación. La palabra glaucoma hacía eco constante en la casa. Aprendí que era una enfermedad que aumentaba la presión dentro del ojo... Leer más →
26 de junio.
Tu respuesta me llega de sorpresa, pues después de semanas de silencio por fin regresas y me alegra que sigas teniendo la misma voz, pero con distintas experiencias. Qué gusto que hayas podido responderme, dedicando cada letra a un mismo pensamiento. El placer que provoca leerte da muestra del tiempo que te has tomado para... Leer más →