No sé nada. Escribo porque ha sido mi promesa: escribir a pesar de mi incapacidad de escribir. Sería muy fácil abandonar la escritura para dedicarme a leer. No puedo, sin embargo, interrumpir estas dos actividades. Leer y escribir como condena gozosa, con vistas a la perpetuidad. El trabajo literario que no hace más que multiplicarse como el monstruo de las mil cabezas
El impulso y la nada
Comencé a escribir como método —no carente de dolor— para extraer la espina que tenía clavada en el corazón. No voy a negar que, a medida que escribía, sentía que la espina, en lugar de salir, se alojaba más hondo, provocándome un insomnio de ideas suicidas. La escritura no fue en sus inicios salvación, pero sí una catarsis lenta, de purgatorio: la única forma de no caer en el infierno tan temido de la desolación.
Aquí nos tocó vivir
—Papá, ¿cómo era la casa donde vivías cuando eras niño? Era una casa muy grande pero a la vez muy pequeña. Muy grande porque mis hermanos y yo teníamos espacio para correr y jugar. Muy pequeña porque ninguno tenía su propio cuarto. La sala era enorme y ahí pasaba casi toda nuestra vida: cenábamos viendo una televisión diminuta, cuyo sonido solo volvía cuando alguien le daba un golpe. Crecimos viendo la tele; no lo hicimos leyendo libros. Los libros llegarían más tarde. Sigo viviendo al día, como ellos. Solo que ahora soy yo quien mira hacia la puerta, esperando ver llegar a papá después del trabajo.
Sueños, sueños son
Era un sueño, pero era también parte de la vida: el otro lado, otro tiempo, ajeno a las reglas que modulan los días donde amanece. El poema era perfecto: venido de su voz, escrito en una página, y perdido en algún lugar oscuro de mi memoria. Mientras ella lo recitaba, yo me empeñaba en no olvidarlo, en llevarme del sueño a la vigilia algunos versos: pocas líneas, una o dos palabras
De lo que nadie puede arrebatarme
He de salir airoso de los embates de la vida al saber que he cosechado, en las profundidades de mí mismo, memorias que nadie puede robarme. Nadie puede acceder —salvo la enfermedad del olvido— y quitarme lo que es sólo mío. No me pueden mutilar el pensamiento, tampoco intervenir lo vivido, tampoco todo lo que no he perdido porque ha pasado. ¿He salido entonces indemne de otro año? Mi cumpleaños me sabe agridulce, un andar sobre la tristeza con destellos en el horizonte. Me conformo, que es lo mismo que alegrarse, con lo que he conseguido. Si bien rozo la miseria, la he evadido. Como decía mi padre, hay que agradecer por tener un techo, una comida, trabajo y salud; sobre todo esta última, que sin salud no se puede hacer nada.
Fatigar los días
Papá se transformaba al beber, si bebe todavía, lo hace. Primero la euforia, pletórico de vida, diciendo sí a todo, mi aventurado padre, luego la agresividad, el insulto fácil contra su mujer y sus hijos, finalmente el derrumbe: un hombre arrepentido, hambriento de cariño, deseando morir. Yo lo escuchaba, incapaz de consolarlo, porque no podía fungir como el padre de mi padre.
No tengo certezas
Qué puede nacer de mí, de mi vida pública, privada y secreta. Qué puedo extraer de mi mundo literario. Qué puedo obtener de esta soledad omnipresente que no me ha permitido conocer ningún compañero de oficio. Los escritores que no se encuentran en todas partes porque cuando no vivimos entre las sombras lo hacemos entre cuatro paredes. Unos temerosos del mundo que los rodea y otros ávidos por experimentar la vida al límite.
La tarde impía
El viento frio movió las cuerdas de la memoria, y como instrumento tocó la música de un recuerdo. Aparecieron los canales, el verde del paisaje huérfano de montañas, las interminables ciclovías y las casas con amplias ventanas donde la gente renunciaba a su privacidad por una bella vista.
Tiempo para todo
Soy de anteayer como todo rumiante que mastica el pasado todo el día. Soy el hombre siempre extranjero que estando lejos de su pueblo encara sus más grandes manías. Soy también el ayer que camina nostalgia, invitándola a pasar todas las noches juntos para dejar de echar en falta la soledad que tanto nos busca.... Leer más →
24 de mayo.
Veo de qué manera le has tomado cariño a ese micro universo que a cada día es testigo de tus noches y tus días. Además, se vuelve el confidente de tus pensamientos, tus palabras y tus sueños. También es un lugar para estar triste, alegre o contigo misma. Al final le damos un valor sentimental... Leer más →