No es un secreto

Me niego a olvidarla, a cambiarle el nombre, me acostumbro a su vacía presencia que lo llena todo. Es ella esa luz de un día en que mi corazón apesadumbrado se contrae, caída libre de un pensamiento suicida. Es entonces cuando resisto, me pronuncio por el hartazgo, desdeño mis libros, mis cuadernos, la vida que no se parece a como la había imaginado. Y luego esto, la escritura que no me lleva a ninguna parte, la página que no se llena, difícil de llegar al limite propuesto

Dejar de lado

Ser el autor decadente, sin complejos, el escritor obstinado con su labor de escritura diaria, el más disciplinado de los inconsecuentes, de los desordenados. Mezclar mi irresponsabilidad con la más férrea de las disciplinas, llevar a cabo el proyecto de escritura que corre el riesgo de empolvarse en el cajón de la indecisión

Donde hubo fuego silencio queda

¿La he perdido? Todavía creo, con la ingenuidad del amante abnegado, que volverá con un mensaje de añoranza inclinado a la disculpa. Me hablará —quiero creer— del amor todavía presente, a prueba del tiempo y la distancia. Quién sabe. Acaso lo mejor sería la resignación, festejar en silencio lo sucedido, y pasar de largo, dejar el amor de mi vida en ese pasado menesteroso, en el lugar de lo que pudo ser. Ya no volver a la semilla, rechazar todo intento de recuperar los años perdidos

Sigo esperando

Y he venido ella porque la música toca fibras sensibles en mí. Se me cuela por los oídos hacia las venas, y cuando llega al corazón el alma la escucha y la recuerda, la trae de vuelta y la veo sonreír y caminar por la habitación.

Inferior

Simón había intentado defenderse, con la otra mano busca el punto exacto del corazón y le atraviesa el pecho hasta la muerte. La escena del crimen fue manipulada de tal manera que pareciese un suicidio, nadie sospecharía de él.

Desconocimiento

La mañana despejó la tristeza y el desasosiego. El día tenía una nueva razón de ser. Me llegó un libro de Borges, como un regalo especial hecho por alguien que conozco poco. Por eso he venido a estas páginas, para dar cuenta de que se es escritor escribiendo.

Extrañeza

Ya no me reconozco, pero si es lo normal, me dice la voz lógica que llevo dentro, el tiempo influye, el tiempo moja con sus aguas de desgaste. Lo sé, tan solo quería dar pie al texto, comenzar a subir los peldaños de la escritura, llegar a la cima, o tocar el fondo. Ya no me reconozco en los pasos promisorios del joven obnubilado por un futuro esperanzador. No me preocupaba por lo que quería hacer, como hoy, ayer no tenía nada claro.

Amanecer violeta

Por la ventana he vuelto a ver al extraño hombre que camina presuroso hacia ninguna parte, aquel que un día se detuvo frente a mí para decirme palabras que no recuerdo, un saludo insensato, su mirada de loco ausente, la incomprensión de ambas partes. Lo he vuelto a ver ahora en invierno, desde la ventana impune, su caminar como el del verano, su destino ausente o incierto. Un hombre de mil rostros, de toda una eternidad que lo precede. Ya he terminado, ahora saldré a andar por la calle sin nombre con el ánimo de un loco que disfruta de incomodar a desconocidos.

Regreso a la luz

Pocos días como este han estado invadidos por una alegría misteriosa, muy poco de tristeza, de remordimientos, de añoranzas. Nada me falta, y la música que escucho en este preciso instante me arrulla en sus brazos. Música como madre, como retorno al lugar de donde un día vinimos. Regreso a la luz, misma luz que debió haber invadido el cuarto de hospital cuando mamá dio a luz. Dar a luz es traer a un nuevo ser de las tinieblas, de la caverna donde se encontraba antes de nacer. Mi nacimiento como una casualidad, tan improbable como la vida misma, pero aquí presente, vivo, feliz hasta que el día se acabe.

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