Escribir muy tarde

Para mí el oficio del escritor me parece el más grato, el que tiene sus recompensas aun antes de ser reconocido. Debe tener sus momentos complicados, de antipatía o de bloqueo, principales enemigos del oficio, ya que ningún escritor puede dormitar en sus laureles, escribir un libro o dos y renunciar a la literatura, convertirse en un amanuense tipo Bartebly, en un escritor del no. Pero los hay escritores que se duermen en sus laureles. Claro ejemplo el de Juan Rulfo, a quien dos libros le bastaron para entrar y formar parte de la Literatura Universal. Pero quién con el talento de Rulfo.

Forzada escritura nocturna

Los recuerdos, inolvidables o no, acechan mi descanso, se aparecen como espectros durante la duermevela, se trasfiguran en narraciones oníricas de no despreciable valor literario. Sueños ora luminosos, eclipsantes; ora de profunda incomprensión, una penumbra delirante hasta lo terrorífico. Salgo del sueño, de lo que debería ser mi descanso, con el cuerpo lastimado.

Escribir por escribir

Ahora veo que no sabía nada, que los años me han dirigido hacia otros mares más profundos. Mares infinitos. Vida tan corta para poder explorarlo. Leer como una canción infinita. Encontrar refugio, calma, sosiego en las palabras. Sentirse salvado por la página que sigue. Cuánto bien le han hecho al mundo los buenos escritores. Gracias a ellos me he salvado de las preguntas banales, de cuestionamientos muy sencillos. Me he librado de dogmas y he vivido más allá de mi mismo. He sido cada personaje que he leído.

Palabras de ensueño

Cuán grande es la alegría de ver que la página se llena con palabras amigas. Las hemos elegido. Las hemos puesto una detrás de la otra formando líneas de oraciones que ya no nos pertenecen. Hemos logrado traducirnos. Plasmar lo que llevamos dentro en un lenguaje fiel a los sentimientos y a las ideas. No... Leer más →

Un golpe en la cabeza

Pensé que, como aquel escritor inolvidable que me cuesta recordar, podría escribir un cuento a partir del golpe que me di en la frente con la esquina de la mesa. Tamaño castigo fue sentir el dolor no previsto pues, como muchos, no tengo ojos en la frente. Comencé entonces a escribir sobre el miedo a... Leer más →

Escritor sin oficio

Yo no soy ningun escritor pero me dedico a escribir. Nadie me ha dado el título para ejercer este noble e invaluable oficio. Soy un escribidor de pensamientos y diarios, de esos que la gente llama íntimos, aunque en realidad mis ideas y sentimientos son más que nada del ámbito público, pues todos pensamos y... Leer más →

Segundo

Quizá fue mi culpa, la mente anclada a ese puerto del pensamiento donde no podría zarpar durante todo el día. Ya no pensaba en Laura, Carla invadió la isla del recuerdo. Escribía rápido, lo delataba el sonido de cada tecla, tarea sencilla de pasar las ideas a la página, y veía su aparición dentro de... Leer más →

Antes y Après.

Bueno, la verdad es que no estoy haciendo gran cosa. Desde hace tiempo me comprometí a escribir todos los días como si mi existencia dependiese de ello. Me lo propuse tantas veces que intenté planear mis sesiones de escritura en una agenda en mi tiempo libre de trabajo o actividades académicas. Pero todo fue un... Leer más →

Lo que no se dio

Podría darles a estos escritos el sentido de un diario, pero, aunque al inicio lo pensé, el desarrollo de este tomo otro rumbo e imprimí en las líneas símbolos e ideas alojadas de alguna misteriosa manera en mi mente. Contar mi vida todavía no conlleva la marca de lo significativo, de lo que importa, de... Leer más →

El primer día, la afrenta

Casi nunca sé sobre qué escribir. Las ideas llegan como cualquier pensamiento cuando no se hace nada. Mi mente —las más de las veces— carece de ideas, pero siempre existe un lenguaje dentro. Hay música —con letra o sin ella— que resuena y se repite durante horas hasta que otro pensamiento me invade por completo... Leer más →

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