He agotado las páginas de mi cuaderno. Mi diario se ha cerrado: ha llegado al final de sus días, no así los míos. Un cuaderno sin más páginas ofrece el sosiego de haber dejado testimonio de lo vivido o lo pensado, pero también ofrece el porvenir: ese gozoso volver a comenzar con un cuaderno cuyas páginas se presentan indemnes, como el mañana que no puedo calcular
La eterna compañía
Vacío hasta lo inusual, presa de los muros de mi pensamiento blanco, ausente de color. He perdido el flujo de las ideas; no logro atraparlas cuando vienen y no sé hacia qué eternidad se dirigen. No lo sabía. Acabo de descubrir que la mayor parte de mi escritura nace del impulso, de esa escritura automática... Leer más →
Una página más de ausente tragedia.
Escribo como afrenta contra la vida leve, insustancial, hecha de un pormenor ingente en su realización irreflexiva. Escribo y evado la lectura, la relectura, la reescritura. No termino nada. Comienzo siempre un nuevo texto que alimenta el sinfín de mi falta de disciplina, de mi incapacidad para los finales absolutos. Textos fragmentados: ya ni siquiera diarios, ahora semanales, cuando mis posibilidades rebeldes lo permiten
Entre el sol y la página
Va a parar la lectura, se dará a la vida: se tomará esa cerveza frente al río, se entretendrá con el pasar de mujeres bellas con las que nunca podrá escribir una historia de amor. Dirá que no le queda otra, que ha venido porque quedarse en casa es poca cosa; mañana podría estar muerto, así que hoy ha renunciado a su vida, a sus cosas, a sus inevitables libros. Se le lega la condena de estar vivo: la ineludible cosecha de un fracaso, una muerte segura y quién sabe si próxima.
Fragmentos de un escritor
Ese ha sido siempre el problema: me cuesta ordenar mis ideas y darles una salida coherente. Por eso mi blog se llama Fragmentos de un escritor: porque soy un experto en el arte de no terminar nada de lo que escribo. No doy continuidad a ningún fragmento publicado. Todo lo dejo como sale de la imprenta virtual. Ya no me interesa cambiar nada, salvo alguna falta de ortografía o de sintaxis.
Ocupar el tiempo
¿Es ese el camino correcto? Cesar Aira aconseja —sin ánimos de dar consejos— que el escritor novel deje de lado el ideal de escribir buenos libros, de dedicar toda una vida a una obra y que mejor opte por escribir, sin intención premeditada, malos libros, pues los buenos libros son numerarios y están en todas partes. Optar por la vanguardia, pues ella es la que tiene el veredicto inapelable del futuro. Cesar Aira es entonces el escritor que ha cavado su propia tumba de eternidad y gloria, su propio reducto donde no cabe nadie más que él. Con persistente y desinteresado denuedo por no figurar como un gran y no menospreciable escritor, Aira ha entrado por la puerta grande en el marco contemporáneo de la literatura que vale la pena leerse.
Leer mucho, escribir mucho y publicar muy poco
Hablando de Borges, recuerdo que él seguía el consejo que le había dado su padre: «Leer mucho, escribir mucho y publicar muy poco». Escribir cuando la necesidad orille al escritor a escribir, y qué mejor cuando esa necesidad nunca cesa. Esto de escribir es una condena, sí, pero una condena gozosa, una forma de afrenta. Pavese decía: «La Literatura es mi venganza contra las ofensas de la vida». Así que no nos queda más que aceptar esto también como una bendición maldita
El escritor tumbado
Entonces me pasa que yo también quiero darme a la bebida, a las novelas policiacas, a la vida crapulosa, de errante que niega la parte de la realidad que no le interesa y se aboca en cuerpo y en alma a las mentiras de los libros, los suyos y de los demás. Quiero ser el escritor rumiante de otra época, no de la mía, tampoco la decimonónica. Ser escritor a mi manera en el siglo XX se me antoja más fácil, más accesible, como escribir el Quijote es más sencillo en la época de Cervantes, si la memoria no me falla al recordar a Pierre Menard.
Silencio
Esta máscara incluso me engaña a mí mismo, me hace pensar que no todo está tan mal, que el día ha valido la pena porque he visto el esbozo de algunas sonrisas, porque esto es contagioso y yo quisiera responder de la misma manera pero no puedo, un cubrebocas me oculta el rostro, imposible el pago de la misma forma
Amarillo
Hay una leve tristeza con la intención de volverse profunda, de alojarse muy dentro del corazón y hacerlo latir a contratiempo. El día es amarillo porque me ha traicionado, porque no he despertado a buena hora, y no supe cómo comenzar de buena forma. Me he traicionado, no hay más culpable que yo mismo. Me siento desamparado como si alguna vez hubiese gozado del acojo de un tercero. Esto no iba a plasmarse en la página en blanco, esto no tenía razón de ser, sin embargo ha nacido como respuesta al desasosiego, a la desazón que me carcome el alma, el buen ánimo que creía perdurar a lo largo del día.