Rutina 

Acordamos no acordar. Aquella noche me vestí sin saber para qué, y me dirigí a su casa, a manera de rutina, como cada sábado, con la sola intención de verla. 

Me llamó justo al descender del auto y dirigirme a su casa; la impaciencia le estaba provocando cierta somnolencia. Se había creado ideas sobre lo que sería aquella noche, el desánimo la perseguía, ante su incesante correr para alejarse.
Ella es una mujer, pero tiene alma de niña. Con cierto espíritu pueril, busca a su padre en mí, ante una infancia donde sus caprichos eran cumplidos y una adolescencia donde los mismos fueron suprimidos. Ella no es mi hija y yo no soy su padre. 

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