Los días han pasado y aún no calma mis ansias por saber si lo de esa noche con Petit Bob y Violeta fue real o fue meramente un sueño provocado, a todas luces por el vino que bebí en casa de Mónica.

Lo repaso en mi mente, y lo repito entre sueños. Siempre imagino cosas trágicas, lo que me provocaría un gran dolor en el alma, quizá para fortalecerme, estando prevenido la tragedia no pesa tanto.

Continuamos en la Sierra, y el equipo de franceses ya se había marchado. No dude en analizar la reacción de Violeta, al verlos partir aquella tarde. No vi mas que fría indiferencia en la expresión de ambos, ni siquiera una mirada furtiva cruzaron entre ellos. Estábamos a sólo una semana de nuestra partida y antes de eso, tenía que sacarme de dudas.

Aquella tarde, en la habitación, hice la pregunta, con voz entrecortada. -¿qué paso aquella noche en la que yo llegué de madrugada?-

Violeta me miró con un aire frío, quizá pensando en que yo era nadie para cuestionarle cualquier cosa.

-¿de qué hablas?

– aquella noche vi que alguien entró a la habitación.

Ahora ella ya no me miraba, se sentó en el borde de la cama, dándome la espalda, con las manos cubriéndose el rostro. Lloraba.

Dudé en acercarme, pero al final lo hice. Me senté a su lado, bastante cerca para sentir mi presencia. Quitó las manos de su rostro, el llanto había cesado, pero aún se veía el brillo de las lágrimas en sus mejillas y sus ojos enrojecidos por haber llorado, que al mirarlos me enternecieron y no pude evitar contagiarme y derramar un par de lágrimas.

Me dijo que por favor no le dijera nada de lo sucedido a Javier. Estaba muy arrepentida, pero se sentía sola y las cosas con Javier dese hace tiempo que no iban nada bien.

Lloró por otro momento, para después volver a mirarme y decirme: -esperé varios días, y aquí aquella tarde te di una señal clara para que vinieras a descansar conmigo, pero, me dejaste. Ni siquiera cuando llegaste en la madrugada tuviste el valor de acercarte, ahora ya es demasiado tarde.-

No había sido un sueño provocado por el vino que bebí esa noche, mi indecisión, mi falta de confianza me llevo a perder muchos recuerdos que ahora serían de lo más preciados. Las oportunidades son fugaces y yo más que lento para tomarlas fui un ciego para verlas.

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