8 de mayo.

Pienso en el pasado como ese entorno privilegiado donde no se me permitió vivir. Ese lugar donde el pasar de tiempo estaba acompasado con ir y venir de gente sin teléfonos celulares ni internet. Una época donde tenían que pasar días, semanas e incluso meses para recibir noticias de una persona que se encontraba lejos y con la cual una comunicación constante era necesaria para no olvidarse por causa del silencio y la nostalgia. A ti y a mi no nos tocó vivir en esa época, sino que el azar nos condenó a nacer aquí y ahora, experimentando lo que sería comunicarnos como se solía hacer el siglo pasado, pero con la inmediatez y la tecnología de nuestro tiempo. Sabes, este ejercicio de escritura me resulta interesante, pues, aunque escriba para mí mismo escribo, siempre lo hago con miras a ser leído por alguien más, sin embargo, esta vez es diferente: escribo especialmente para ti. Aunque te parezca poco creíble, esta es la primera vez -de esta particular forma- en que le escribo a alguien más. He mantenido largas conversaciones con largos mensajes en medios virtuales e instantáneos, pero nunca había tenido que comenzar una pagina en blanco, escribir el lugar y la fecha para después escribir lo que podría ser el inicio de una serie de correos electrónicos intentando imitar las cartas que posiblemente se enviaban nuestros abuelos. Bueno, nunca es tarde para una primera vez y con esto doy inicio a esta relación epistolar.

Son poco más de las siete de la tarde, en uno de mis escasos días libres en los cuales puedo dedicarme de lleno a la lectura, y, después de horas de pasar de una pagina a otra y de un libro a otro, leer quiso transformarse en escribir. Debes saber que, desde mi cuarto, cuando abro la ventana al medio día, una serie de aves con sus diferentes cantos se mezclan entre los ruidos de la ciudad ¿lo crees razón suficiente para sentirse feliz? Yo lo pienso de esa manera, pues escuchar a las aves cantar me da pequeñas dosis de alegría para al menos sentirme afortunado de vivir en este tiempo y dejar de pensar que quizás la vida está en otra parte. A veces pienso que a diferencia de los demás carezco de ambiciones, y el único motivo para despertarse cada mañana es el encontrar un buen libro. ¿te he contado qué tipo de lector soy? Eso no lo supe hasta hace unos cuantos años, justo antes de llegar a Francia a principios del 2016: soy un lector vampiro. Esta definición no es mía, sino que la encontré por casualidad en un video de una conferencia del escritor barcelonés Javier Cercas, en la cual describe a este inusual lector. Un lector vampiro no es bibliófilo, pues éste no lee por placer y por el amor a los bellos libros o raras ediciones; tampoco podría compararse con un intelectual, como un lector encerrado en su torre de marfil que lee para acumular conocimiento y en su medida hacerse más sabio; un lector vampiro tampoco lee para pasar el rato o por aburrimiento. Para hacerlo más simple, un lector vampiro no lee libros, los acuchilla, les saca las entrañas, bebe su sangre y finalmente les roba el alma, y cada una de sus victimas pasa a ser parte de sí mismo. Un lector vampiro lee porque si no lo hace se muere. Y esto es totalmente cierto. Es probable que pienses que exagero, y quizás si lo hago, ya que me dirás que nadie se ha muerto por falta de lectura, pero para mí la lectura hace esta vida más soportable, porque una vida es poca vida, y no puedo conformarme a leer y vivir solamente mi vida. No imaginas lo insoportable que se vuelve el mundo y su gente cuando he pasado más de dos días sin un mínimo tiempo de lectura. En este caso la literatura es mi venganza contra la realidad que no me satisface. ¿acaso no has pasado por lo mismo? ¿una sensación de hastío generalizado por quienes te rodean? Yo guardo fervientemente cada libro leído y por leer, porque desprenderme de tan solo uno de ellos es como dejar ir una parte de mí mismo.

Pasando a temas menos graves, debo decir que tu mensaje me ha interrumpido al inicio del segundo párrafo, lo que me hace pensar que a veces resulta tan complicado desconectarse o al menos vivir como se vivía en el pasado, donde al parecer uno se podía tomar el tiempo para pensar en alguien más sin hacérselo saber al instante.

Un gran abrazo

Ricardo

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