12 de mayo

Te respondo sin tener la certeza de terminar en los poco más de treinta minutos que me quedan libres antes de tener que partir al trabajo donde, desafortunadamente, tú no estarás. Leo tu respuesta justo después de terminar el capitulo de un libro que, de manera obsesiva, he estado leyendo. El libro es de un autor al que nunca -por falta de tiempo o entusiasmo- había leído: Murakami. Escritor japonés que cada año, desde hace tiempo, se queda a nada de ganar el premio nobel de literatura. Esta novela la estoy leyendo como nunca había leído, pues has de saber que mis hábitos como lector han experimentado diferentes metamorfosis. He sido la mayor parte del tiempo un lector nómada, pues paso de un libro a otro como si se tratara de cambiar la emisión de la radio, y termino de leer un libro a destiempo, dejando en una pequeña lista mental los que todavía me faltan por leer. Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo lo estoy leyendo como escritor y lector. La leo con el placer del lector primerizo que encuentra un libro que lo absorbe temporalmente, haciendo del tiempo algo relativo y buscando la más mínima oportunidad para sumergirse en sus paginas y, de igual forma, lo leo como el escritor que comienza a descubrir la estructura de la novela, la complejidad de los personajes, el estilo; o el talento del escritor para hacer que el lector comience a identificarse de manera plena o parcial en cada uno de sus personajes. Uno de los mejores placeres de la lectura es poder prever lo que el personaje hará justo antes de leer que, en efecto, hizo lo que yo estaba pensando.

Escribir no es algo nuevo para mí, aunque es algo que quiero hacer de forma más constante, hasta convertirlo en un hábito del que difícilmente pueda desprenderme. Para mí escribir cartas, en estos tiempos modernos, sí que es algo nuevo. Una actividad que consideraba propia del pasado y perteneciente sólo al mundo literario y de ficción, una forma de comunicación plena de romanticismo. Y ahora me alegra saber que puedo tener este tipo de comunicación contigo, y que lo que escribo se dirige a alguien en especial. Así que no eres tú quien se llena de vitalidad al escribir, sino que a mí también esto me resulta de lo más creativo, pues tener una excusa más para escribir me acerca cada vez más a lo que quiero ser. Me has hablado de que disfrutas sobremanera escribir para ti misma, y la libertad que conlleva poder plasmar todo lo que piensas y sientes, pues la escritura también es un espejo en el que podemos vernos reflejados. ¿No crees que hacemos autorretratos al llenar de palabras la página en blanco? Mostrar a alguien más lo que escribimos para nosotros mismos es en alguna manera mostrarse expuesto, desnudo, sin máscaras.

La falta de pasión es normal, pues puede nacer del hastío. La palabra pasión, en su sentido más antiguo hacía referencia al dolor. El término a lo largo del tiempo fue adquiriendo otro sentido, pero al final es fácil relacionar la pasión con el amor, y viceversa. Yo te puedo decir que siento una gran pasión por la escritura y la lectura, pero muchas veces me duele profundamente no sentirme con el talento necesario para escribir algo medianamente bueno o con el tiempo necesario de leer todos los libros de mi interminable lista. La pasión nos duele, pero también nos impulsa. Creo que tu manera de vivir, día a día, encontrando pequeños momentos de alegría que nos acerquen a la felicidad, es una forma de vivir rara. La mayoría de nosotros vivimos de nostalgia por lo mejores momentos que se nos han quedado en el recuerdo, y con el anhelo de mejores momentos ya vividos o por vivir. En mi caso vivo muchas veces obsesionado por el tiempo, pensando que la vida no me alcanza, y con la sombra constante de una muerte prematura.

El ser humano teme profundamente a la soledad. A esa sensación de abandono, de silencio y de no escuchar más que sus propios pensamientos. Vivimos buscando no estar solos, siempre evadiendo nuestro yo interno y buscando la compañía de otros para sentir que existimos. Sin embargo, nacimos solos y moriremos solos. Fuimos expulsados desde el vientre materno en contra de nuestra voluntad a este mundo hostil y solitario. Y así es como vivir se traduce en la búsqueda de reconocernos en alguien más, lo que nos da a entender, como dijo Octavio Paz, que las penas de amor son penas de soledad. En mi caso muchas veces me consideré un misántropo, que no quería más que huir del mundo que se le impone. Yo no comparto la misma concepción de la realidad que los otros, entonces me era insoportable tener que compartir el mismo espacio con personas que me provocaban el más profundo desprecio. Sin embargo, aquí en Francia, una vez viviendo verdaderamente solo, me di cuenta de que mis ansias de soledad son pasajeras, pero absolutamente necesarias. Me gusta la compañía de una o dos personas, pero detesto la multitud.

Ahora que lo pienso en mi vida la mayor parte reina el absoluto silencio. Me encanta la música, pero no puedo escucharla durante mucho tiempo y tampoco puedo mezclarla con alguna otra actividad, pues la música evade mi concentración. ¿Te conté que estudié música durante mi juventud? Bueno, quizás esa historia la deba dejar para otra carta, pues bastante me he alargado en ésta.

Me voy, pues tengo el tiempo justo para no llegar tarde al trabajo.

Ricardo

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