26 de junio.

Tu respuesta me llega de sorpresa, pues después de semanas de silencio por fin regresas y me alegra que sigas teniendo la misma voz, pero con distintas experiencias. Qué gusto que hayas podido responderme, dedicando cada letra a un mismo pensamiento. El placer que provoca leerte da muestra del tiempo que te has tomado para responder, de la misma manera te escribo, pero en silencio, a diferencia del ambiente de música que envuelve siempre tus palabras. Es cierto, hemos dejado pasar semanas, pero así es esto, las cartas muchas veces llegan con retraso. Estamos aquí y es lo que importa, dejemos de medirnos en los días del calendario. Digamos que sólo por instantes pude notar tu sentimiento de irritación total, y que me resultó normal, pues yo he tenido días peores. Lamento no haber estado ahí como refugio, al menos disfrutaba verte por momentos en… Incluso en tus días de irritación total sabes contagiar una sonrisa, y verte ir de un lado a otro -pues tu miro muchas veces sin que te des cuenta- es una manera más de conocerte. ¿has superado la ansiedad?

Ese momento, de silencio absoluto cuando la mayor parte de la gente duerme transforma la ciudad. Las calles son distintas, y da placer verlas desoladas. Sí, ese silencio te absorbe, te traslada. Me hace pensar que las noches y muchas tardes de domingo durante el verano son las mismas en todas partes, aquí, en México, ¿en C.? A veces al despertar me parece escuchar a mis padres, sintiéndome en casa, trasladando todo lo que me importa de Guadalajara hasta aquí, en Lyon. Sueño que puedo salir a la calle y ver a la misma gente de mi barrio, y con la posibilidad de visitar los mismos lugares. Las mismas calles en un distinto cielo. Para mí ese momento de meditación llega con las mañanas y su fresco aroma. Ese momento al amanecer cuando las aves te hacen el día con su canto. Y es justo en ese momento que te escribo, pues días pasados tuve que interrumpir la escritura, pero aquí me tienes, con el ruido de un día nuevo y con el canto aleatorio de las aves en las largas ramas de los arboles sobre la calle.

Estoy ansioso por saber las primeras impresiones que tenias sobre mí. Mis máscaras siempre van acordes con mi estado de ánimo, del lugar o de la persona. Hay días en que no utilizo ninguna máscara, me aíslo alrededor de las cuatro paredes de mi cuarto y soy yo mismo, sin que nadie pueda verme. Me he dado cuenta de que tengo por momentos una actitud ingrata y desinteresada. Lo sé, porque sin darme cuenta no te respondo al momento los mensajes, y dejo pasar los días en silencio. No es que te haya ignorado, sino que naturalmente soy solitario, y me gusta el tiempo con mis libros y mis pensamientos; con mis recuerdos y conmigo mismo. Ese Ricardo que conoces en… es una parte de mí mismo, que sólo vive allí y que desaparece una vez que termina su turno. El Ricardo que lee y escribe es mi alter ego, aquel que quisiera ser de tiempo completo y al que irracionalmente le doy menos posibilidades de tomar el control de mi personalidad. Aquel que toma una cerveza junto al muelle es el más despreocupado, el que intenta ser social hasta el hartazgo, por lo cual siempre termina desapareciendo por unos días.

No tenía una clara impresión de ti al inicio. Pensaba que nunca podríamos tener una conversación, y te miraba ir y venir sin saber exactamente qué decir. Ahora te me presentas más compleja, y muchas veces me resultas indescifrable. ¿todavía pones barreras cuando estás conmigo? Yo te veo ahora mucho más abierta que antes, pero incluso tu personalidad extrovertida me oculta lo que de verdad quieres decir, porque tienes una mirada transparente y ese es otro de tus lenguajes. Muchas veces creemos ser los mismos con cada persona, pero individualmente éstas nos ven ya de manera distinta, y es algo sobre lo que no tenemos ningún control. Somos actores con infinitos personajes en este teatro que es la vida.

Creo en la ficción, es decir, que escribo historias por la misma razón por la que mucha gente cree en Dios: para darle un sentido y significado a la vida. Creo en encontrar respuestas en los libros que no tenían como objetivo responder a mis preguntas. Me encuentro a salvo en un buen libro, y el miedo a la muerte se desvanece con cada palabra puesta en el orden correcto; con cada personaje complejo; y con la belleza de la poesía o una novela bien escrita. En los momentos de angustia, desánimo o tristeza yo acudo a un nuevo libro, y sonrío al leer la primera página. Gran parte de mi vida la he pasado frente a un libro. He tenido conversaciones con los muertos, escritores que ya no viven. También he hablado con fantasmas, escritores que nunca veré en persona. Otras veces me vuelvo esquizofrénico y veo a mis personajes o a los ajenos por todas partes, y hablo solo cuando nadie me ve. ¿Quizás a eso se le llama rezar? Creo que no existe nada más allá de lo que podemos ver y sentir. Para mí la muerte será un eterno silencio, en una interminable penumbra. La nada.

Para responder a tu pregunta lo superior para mí es la literatura, y acudo a ella todos los días. Podemos creer que somos insignificantes, pero dejamos de serlo cuando escribimos, dejando una marca en el tiempo que se nos va cada vez más rápido.

Tiempo asesino.

Me haces falta, y he visto pasar muchos días sin poder verte. Lo más interesante vendrá para después.

He escrito y leído durante este tiempo, supongo que debe ser de importancia. También he estado mucho tiempo solo.

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