Diario a la cordura 1

Jueves

Creo que he encontrado una forma de escribirle a mis fantasmas. Mantener un diálogo continuo y sin respuesta con las mujeres que se han convertido en solo recuerdos. Sí, yo sé que no debería hablarte de las otras, que eres y serás solo tú el primer y último amor de mi vida. Debo decirte que te escribo esto en el salón de mi apartamento, donde un gato camina de un lado a otro a la búsqueda de posibles intrusos, y donde el otro amor de mi vida, el presente, se alista para salir. Si te preguntas si vamos a salir juntos la respuesta es sí, aunque sabes que prefiero siempre una tarde dentro de casa a cualquier actividad social que me saque de mi burbuja, que no es circular, sino que se forma de cuatro paredes según mi circunstancia. Hoy es aquí, en un apartamento en el cuarto piso, pero también fue en una casa en el octavo arrondissement, y mucho antes fue en una pequeña habitación de una residencia estudiantil donde tú pasaste también unos cuantos días, los cuales no vale la pena recordar pues están envueltos de rechazo, lágrimas y el final de un amor que no pudo resucitar. Debes estar al tanto también de que nunca leerás esto, que me lo guardaré de la forma más egoísta, y que vendré a él solo con el propósito de aliviar la nostalgia y tener una página en blanco que lleve tu nombre para desahogarme y darle rienda suelta a mis recuerdos. Esto no quiere decir que esto sea un soliloquio, pues es contigo con quien hablo y nadie más; aunque también consiste en un dialogo interno, en una reflexión continua que tendrá siempre tu rostro. Siempre tú.

Hoy es jueves, no sé cuándo volveré, pero eventualmente tendrás noticias mías.

Viernes

Sé que para ti estas pausas deben parecer eternas, que cerrar el documento es para ti como entrar en un oscuro recinto donde el tiempo no es el mismo al de aquí. Creo que para ti debe ser una ventaja, saber que tienes comprada la eternidad, y que me lees sin saberlo porque esta página forma parte de ti. Te he perdido el rastro, pero todavía puedo inventarte, darte vida, traerte de vuelta a mí. Puedes darte cuenta de que mis ilusiones son vagas, que no aspiro a un objetivo concreto, que esto que hago está al límite de la psicopatía, que no puedo superar el pasado, que me obsesiono con lo que no puedo traer de vuelta, de que vivo como un infeliz, entre muchas otras suposiciones. Sin embargo, tu recuerdo me pertenece, y tengo el poder y derecho plenos sobre él. Y bien sabes que recordarte es volver a tenerte, en ese enfermizo juego de la nostalgia.

Después de la serie de acusaciones que caen sobre mí, no me queda más que darte cuenta de mi día. Una mañana pasada en el gimnasio donde, además de ejercitar el cuerpo mi mente jugueteaba con una de las entrenadoras. ¿Qué? ¿Pensabas que esto era una carta de amor? No, son confidencias, mis más oscuros secretos -solo algunos-. Al final tú y yo no tenemos nada que ocultar, y puedo contarte cómo imagino una aventura de cualquier tipo con aquella mulata de pelo ondulado, de piel tropical y diáfana sonrisa. Imposible evitar ser seducido ante una mujer con lo mejor de dos continentes. Lo sé, sé que decirte esto te molesta. Que tú eres mucho más bella, que no intente compararte y que tu eres única. ¿Puedes dejar tus celos de lado tan solo unos minutos? No te preocupes, no he tenido nada con ella, no soy tan infiel como antes, al menos físicamente. Tengo que cerrarte, quiero leer en lugar de escribir. Te guardaré en la oscuridad, pero no tengas miedo, vendrás siempre a la luz.

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