Diario a la cordura 2

Lunes

Hoy me ha dado por sentirme tu captor. Esa deliciosa sensación psicópata de ser dueño de tu vida y de tu muerte, de ver que no hablas no porque no quieres, sino porque te he amordazado y me regocijo con tu silencio. A esto yo le llamaría ser dios, ser dueño de ti y de tu destino, aunque claro, no me pertenece tu pasado, el cual ya está escrito y del cual yo formo parte. Esto es como tener una foto tuya, y a partir de ella te traigo a la vida mientras te escribo, y cuando dejo de hacerlo te encierro en una prisión virtual hasta tu eventual y momentánea liberación para saciar mis instintos. Debes estar un poco impresionada al conocer esta faceta en mí, una de mis muchas máscaras, pero esta no te debe ser completamente ajena, pues el daño que te causé mientras estuvimos juntos no se puede explicar de otra forma. Me encanta tenerte de frente y obligarte a escucharme aterrorizada, encerrada en un instante, sin un ápice de libertad. Yo te he traído de los recuerdos y ahora te controlo. Y, aunque sé que eres tú, comienzo a darte un nuevo rostro. Comienzo por mezclarte con otro gran amor, y por momentos te llamas también como ella, y te tengo a merced mía para atormentarte. ¿Cómo se siente ser todas las mujeres? Me encanta esa mirada sumisa y el ver a ella en ti hace nacer un monstruo en mí. Ahora tengo deseos de tocarte, sentirte y obligarte a que me sientas. Quiero poseerte contra tu voluntad, y que una mezcla de placer y asco te hagan sentirte confundida. Como eres parte de mí puedo hacer que la escena cambie. Ahora ya no estás amordazada, no estamos en un cuarto sumido en la oscuridad. Estamos en mi cama y el deseo se vuelve mutuo. Nos envolvemos en un juego desesperado de caricias, donde ahora yo me someto a tu irreversible deseo de estar conmigo.

Ojalá todo hubiera sido tan sencillo, poder controlar la situación según mis deseos. Ser escritor es poseer la eternidad.

Las ganas de ti me impiden seguir escribiendo, tengo que pasar a otra cosa.

Miércoles

Vaya deseo enfermizo de tenerte y no tenerte.

Viernes

Lamento el haberte escrito en otro documento, en aquel que llamo soliloquio, el interminable diálogo conmigo mismo. No creo que te importe que te haya sacado entre un tema y otro fuera de estas páginas. En el día anterior te hablé sobre tu particular captor. Ese guardián que de los cinco sentidos solo posee uno. Pero sabes, para qué perdemos el tiempo en explicaciones, basta con copiar lo ya escrito:

Puedo capturar el instante. Son casi las diez de la noche, y el día se ha ido como en un sueño. Tengo la sensación de haber dormido todo este tiempo y haberme despertado justo ahora. Quizás tenga sentido, porque escribir le da un significado a la vida. Las palabras son el dulce aroma de algo que se cocina. Plasmar los pensamientos -intentarlo al menos- me hace pensar que nada es en vano, sin embargo, me arrepiento de no poder haber escrito más durante el día. Lo hice solo después del mediodía. Bajé al húmedo y oscuro sótano de mis recuerdos, donde te tengo aprisionada. Allí estás ahora y nadie más que yo puede sacarte. Un placer malsano me recorre el cuerpo al sentirme impune, al crear un personaje de mí mismo que sacia sus más bajos y secretos deseos abusando del recuerdo de una mujer cualquiera. Me gusta llamarte así, una mujer cualquiera. Muchos dicen que después del amor viene el odio, pero mi caso es distinto: yo te tengo compasión. Me regocija el hacerte sufrir privándote de la libertad, haciendo de la habitación de mi memoria un lugar lúgubre y helado, con un celador que viene dos veces al día para dejarte algo de agua y comida. Sé que guardas esperanzas en él, que esperas que se enternezca, pero no va a ser posible. Verás, cómo explicarlo, él es una creación mía, vive en mi subconsciente y anda de un lado a otro por los pasillos de mis recuerdos. La mejor ventaja de tenerlo como eterno guardián es que es ciego, sordo y mudo. Sé que puedes ver sus ojos, pero estos no ven nada, tampoco escucha, no oye, por lo tanto, es ajeno a lo que le rodea. De esta forma mis recuerdos y tú están a salvo. No dejaría que nadie más posara sus ojos en ti, amor. Eres solo mía. Así que ahórrate cualquier intento de conmover al celador, porque este es leal, incorruptible. Se conforma con pasearse de un lugar a otro sintiendo mis recuerdos, pues el tacto es lo único que conserva. Le he dado el permiso de tocarte, como único pago para mantenerte viva.

Y ahí está, tu eterno captor, un otro yo que solo puede sentir y moverse. Pero hoy no vengo para torturarte. Yo sé que el tan solo hecho de estar en este oscuro sótano, donde la humedad es cada vez más asfixiante ya es demasiada tortura. La verdad es que vengo a contarte cómo hoy me he sentido enfermo. He tenido ciertas nauseas por la vida a pesar de que todo va a cambiar a partir de la semana próxima. He conseguido otro trabajo y renunciar al antiguo me ha parecido como terminar una relación tormentosa. Me he sentido tan aliviado de dejar ese empleo, pero a la vez la sensación es agridulce. Me gusta lo que hago, pero últimamente todo se volvió insoportable. Sí, me siento liberado, pero a su vez siento que le hice mal al trabajo que tantas esperanzas puso en mí. Sabes, me recuerda al final de nuestra relación, algo tan intenso al principio pero que al final para mí se volvió una prisión. Creo que de haber continuado nuestra relación, con el claro principio del amor eterno, yo nunca habría dejado la ciudad, y el renunciar a mis sueños habría significado la más grande e imperdonable traición contra mí mismo. Yo te amaba, o te quería, pero quería más a la aventura, amaba más a la libertad.

Ahora estoy con ella. Llegó a mi vida como una señal y como un nuevo inicio. Estamos juntos, pero no existe una pasión que nos consuma, tan solo -o tan mucho- un amor sin tiempo. Una promesa tácita de eternidad juntos. Por momentos me recuerda a ti, por no tener una vida privada de monotonía. Eso es lo que extraño de ella, ese deseo incontrolable por estar siempre dentro, física y emocionalmente.

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