Llenar la página con la vida. Hacer posible la vida y la escritura.
Remplir la page de vie. Rendre possibles la vie et l’écriture.
Español — Version française ci-dessous
Texto escrito en 2020 · Texte écrit en 2020
Todo está volviendo a la normalidad. El mundo que durante dos meses se detuvo regresa, nada ha cambiado, no hemos cambiado. Para quienes sí hubo un cambio fue para las miles de familias en duelo, para quienes perdieron a un ser querido. Entristece pensar en aquellas muertes en solitario, de hombres y mujeres abatidos por la edad y la soledad. Siguiendo el curso natural de la vida: nacer solo, vivir solo y morir solo. La enfermedad como lenta y expedita tortura. La muerte como la ofrenda, como paliativo, como puente hacia el silencio y la oscuridad absolutos. Creer que sí hay vida después de la muerte, pero esta como un soliloquio eterno. El consuelo o el castigo que se nos ofrece. Escuchar, hablar con la voz de nuestros pensamientos. Darle vueltas a una misma idea, a un mismo recuerdo. Hablar con los vivos o con los muertos, da igual, ninguno va a respondernos. Un monólogo. Al inicio estaremos prestos a hacernos oír, hablaremos hasta el cansancio. No vendrá la locura a ponernos las cosas más difíciles, la muerte ya es suficiente. Hablaremos mucho al inicio, nos complacerá el escucharnos. Sin embargo, poco a poco -y hablo de tiempo representado en eternidad- no habrá nada que pensar o nada que decir. Los más perspicaces, los que tienen el hábito de pensar mucho, de escribir, crearán personajes para crear un diálogo; se dirán que por fin tienen tiempo de pensar en lo que quieren, de escribir la novela que nunca pudieron. Los que han aprendido a soportar la soledad estarán mejor que los que dieron su vida por entero a los otros. Los artistas para los que la vida continúa después de la muerte, creando por el placer de crear, siempre en solitario. Si se nos otorga el pensamiento después de la muerte nos imaginaremos escribiendo, bailando, soñando, corriendo. Conocedores de los secretos de la imaginación. Ni tiempo habrá para intentar comunicarnos con los otros. Libres de ser seres sociales porque ya no tenemos cuerpo, no sentimos, pero recordamos que sentimos. A los artistas se les dará más tiempo, pero irán hacia el mismo destino, a pesar de su ahínco, de la perseverancia, todo cuestión de tiempo. Para todos, para los que pueden crear con el pensamiento o no, les llegará el cansancio. Pasarán tanta eternidad en silencio, y habrá quienes no podrán. Es ahí cuando la locura llega, cuando queremos que todo se calle y no podemos. Ni un momento de calma, ahí está la voz de fondo diciendo qué agradable silencio y nosotros pero por qué no te quedas callada de una vez. Y después la puesta en abismo de todas las voces, una dando órdenes a la otra, como el cuento que no se termina, de nunca acabar. Aquí, en la vida, no hay silencio. Nos acostumbramos a la voz porque estamos acostumbrados a las otras voces. Cuando estamos solos no hay más que nosotros, un silencio que no es silencio porque el pensamiento está siempre presente con su voz. Silencio disfrazado, silencio a conveniencia. Qué fácil me es acallar mis pensamientos, dominarlos cuando haga falta dormir o pensar en algo específico. Difícil acallar las voces reales y virtuales que me molestan, acostumbrado ya a la compañía conmigo mismo. Dejar de pensar pensando que dejo de pensar. Tanto y no se llega a nada.
Lejos aún de las mil palabras. Debería hacer otra cosa, pero lo intenté y como premio obtuve un gran desasosiego. Cosas que no me interesan, me vuelvo celosísimo con mi tiempo y mi atención. Me rehúso a hacer el comentario para mi examen. He leído la clase y he lamentado al instante haber perdido cinco minutos de mi atención. Asco, náuseas. Difícil es aún describir mis sentimientos. Leí el texto y me imaginé escribiendo el comentario y, como advertencia del pensamiento, me llegaron unas ganas inevitables de colgarme, de apelar al suicidio. Hedonista, buscando el placer en cada actividad. Como le tengo aprecio a la vida, tomé la decisión precipitada de, a manera de protesta, no escribir nada. Ninguna palabra al vuelo saldrá de mi conciencia. No, no, no. Ser un escritor del no para los encargos que me hace la universidad a cambio de un diploma. Mejor lanzarse al vacío, desperdiciar la vida, dejar cerrada la puerta del éxito. Mejor quedarse de este lado, donde las lecturas son néctar dulce, disfrute perpetuo. Mejor ser escritor, con pocas ambiciones, sin deseos de reconocimiento. Un escritor tan solo buscando buenos lectores, nada más. Huir de las aulas, de la universidad que en lugar de ser un espacio abierto a las ideas es una jaula dogmatizadora. Buscar la libertad del pensamiento en las calles y en los libros.
Cuánto desprecio le he tomado a aquella profesora de civilización. Clase de historia medieval de España. Falta de argumentos de mi parte para defender mi posición. Lo he tomado personal, me molesta su fingido acento español, su “poquito a poquito” en lugar de decir de poco a poco. Usurpadora de la lengua, hablante espuria del español.
Me digo, otra vez, que no cumpliré esta promesa de las mil palabras de todos los días. Debo hacer como Flaubert, tomar como excusa la vida para la escritura, ser un atento actor y espectador de la vida para poder plasmarla en la página. Así la escritura será más fácil, tendré más material, podré experimentar con los grandes actores que la vida ha creado. Tomar un poco de aquí y de allá y fundirlo. Escribir y vivir, compaginarlos, ya que de no hacerlo corro el riesgo del soliloquio eterno, sin nada más que decir que mis pensamientos. Así me consigo otras obsesiones, otras mujeres, otras calles, otros atardeceres fuera de mi refugio. Llenar la página con la vida. Hacer posible la vida y la escritura. Llegar más fácil a las mil palabras, que cuesta tan poco pero en días como estos me cuesta tanto. Si no vivo la escritura dejará de lado su fuente más importante. Fuente vital. Nutrir la escritura con el elixir de la vida.
Version française
Tout revient à la normale
Tout revient à la normale. Le monde qui s’était arrêté pendant deux mois reprend son cours, rien n’a changé, nous n’avons pas changé. Ceux pour qui les choses ont changé, ce sont les milliers de familles en deuil, ceux qui ont perdu un être cher. Il est triste de penser à ces morts solitaires, à ces hommes et ces femmes terrassés par l’âge et la solitude. Suivant le cours naturel de la vie : naître seul, vivre seul et mourir seul. La maladie comme une torture lente et expéditive. La mort comme l’offrande, comme un palliatif, comme un pont vers le silence et l’obscurité absolus. Croire qu’il y a bien une vie après la mort, mais qu’elle est un soliloque éternel. La consolation ou le châtiment qui nous est offert. Écouter, parler avec la voix de nos pensées. Tourner et retourner une même idée, un même souvenir. Parler aux vivants ou aux morts, peu importe, aucun ne nous répondra. Un monologue. Au début, nous serons prompts à nous faire entendre, nous parlerons jusqu’à l’épuisement. La folie ne viendra pas nous compliquer davantage les choses, la mort suffit déjà. Nous parlerons beaucoup au début, nous prendrons plaisir à nous écouter. Cependant, peu à peu — et je parle d’un temps qui se mesure en éternité — il n’y aura plus rien à penser ni rien à dire. Les plus perspicaces, ceux qui ont l’habitude de beaucoup penser, d’écrire, créeront des personnages pour créer un dialogue ; ils se diront qu’ils ont enfin le temps de penser à ce qu’ils veulent, d’écrire le roman qu’ils n’ont jamais pu écrire. Ceux qui ont appris à supporter la solitude s’en tireront mieux que ceux qui ont consacré leur vie tout entière aux autres. Les artistes pour qui la vie continue après la mort, créant pour le plaisir de créer, toujours seuls. Si la pensée nous est accordée après la mort, nous nous imaginerons en train d’écrire, de danser, de rêver, de courir. Connaissant les secrets de l’imagination. Nous n’aurons même pas le temps d’essayer de communiquer avec les autres. Libres de ne plus être des êtres sociaux parce que nous n’avons plus de corps, nous ne ressentons rien, mais nous nous souvenons d’avoir ressenti. On accordera plus de temps aux artistes, mais ils iront vers le même destin, malgré leur ardeur, leur persévérance, ce n’est qu’une question de temps. Pour tous, qu’ils puissent ou non créer par la pensée, la lassitude viendra. Ils passeront tant d’éternité en silence, et certains n’y arriveront pas. C’est là que la folie arrive, quand nous voulons que tout se taise et que nous n’y parvenons pas. Pas un instant de calme, cette voix est là, en fond, qui dit quel agréable silence et nous mais pourquoi ne te tais-tu pas une bonne fois pour toutes. Et puis la mise en abyme de toutes les voix, l’une donnant des ordres à l’autre, comme l’histoire qui ne se termine pas, qui n’en finit jamais. Ici, dans la vie, il n’y a pas de silence. Nous nous habituons à cette voix parce que nous sommes habitués aux autres voix. Quand nous sommes seuls, il n’y a que nous, un silence qui n’est pas un silence parce que la pensée est toujours présente avec sa voix. Silence déguisé, silence à notre convenance. Comme il m’est facile de faire taire mes pensées, de les maîtriser lorsqu’il faut dormir ou penser à quelque chose de précis. Difficile de faire taire les voix réelles et virtuelles qui me dérangent, habitué que je suis désormais à ma propre compagnie. Cesser de penser en pensant que je cesse de penser. Tout cela pour n’aboutir à rien.
Encore loin des mille mots. Je devrais faire autre chose, mais j’ai essayé et, pour toute récompense, j’en ai retiré un grand désarroi. Des choses qui ne m’intéressent pas, je deviens extrêmement jaloux de mon temps et de mon attention. Je refuse de faire le commentaire pour mon examen. J’ai lu le cours et aussitôt regretté d’avoir perdu cinq minutes de mon attention. Dégoût, nausées. Il m’est encore difficile de décrire mes sentiments. J’ai lu le texte et je me suis imaginé en train de rédiger le commentaire et, comme un avertissement de la pensée, une envie irrépressible m’est venue de me pendre, de recourir au suicide. Hédoniste, à la recherche du plaisir dans chaque activité. Comme je tiens à la vie, j’ai pris la décision précipitée de ne rien écrire, en guise de protestation. Pas un mot à la volée ne sortira de ma conscience. Non, non, non. Être un écrivain du non pour les travaux que me commande l’université en échange d’un diplôme. Mieux vaut se jeter dans le vide, gaspiller sa vie, laisser fermée la porte du succès. Mieux vaut rester de ce côté-ci, où les lectures sont un doux nectar, une jouissance perpétuelle. Mieux vaut être écrivain, avec peu d’ambitions, sans désir de reconnaissance. Un écrivain cherchant seulement de bons lecteurs, rien de plus. Fuir les salles de cours, l’université qui, au lieu d’être un espace ouvert aux idées, est une cage qui endoctrine. Chercher la liberté de pensée dans les rues et dans les livres.
Quel mépris j’ai fini par éprouver pour cette professeure de civilisation. Cours d’histoire médiévale de l’Espagne. Manque d’arguments de ma part pour défendre ma position. Je l’ai pris personnellement, son faux accent espagnol m’agace, son « poquito a poquito » au lieu de dire « de poco a poco ». Usurpatrice de la langue, locutrice illégitime de l’espagnol.
Je me dis, une fois encore, que je ne tiendrai pas cette promesse des mille mots par jour. Je dois faire comme Flaubert, prendre la vie comme prétexte à l’écriture, être un acteur et un spectateur attentif de la vie pour pouvoir la faire passer sur la page. Ainsi, l’écriture sera plus facile, j’aurai davantage de matière, je pourrai expérimenter avec les grands acteurs que la vie a créés. Prendre un peu ici et là et le fondre ensemble. Écrire et vivre, concilier les deux, faute de quoi je risque le soliloque éternel, sans rien d’autre à dire que mes pensées. Ainsi, je me trouve d’autres obsessions, d’autres femmes, d’autres rues, d’autres couchers de soleil hors de mon refuge. Remplir la page de vie. Rendre possibles la vie et l’écriture. Atteindre plus facilement les mille mots, ce qui coûte si peu mais qui, les jours comme celui-ci, me coûte tant. Si je ne vis pas, l’écriture délaissera sa source la plus importante. Source vitale. Nourrir l’écriture de l’élixir de la vie.
Descubre más desde Fragmentos d'un lector
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Comparte tu lectura · Partagez votre lecture